En Cabranes no puede faltar, tampoco, el arroz con leche.
Torazu volvió a reunir vecinos y visitantes en torno a la fiesta de la boroña, una tradición que hunde sus raíces en la vida cotidiana de muchas generaciones. La jornada tuvo como pregonero a Jorge Corrales Llavona, vicedecano del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Noroeste de España, quien repasó sus raíces familiares en el concejo y los vínculos que le unen a Torazu y Cabranes.
Este año se elaboraron 33 boroñas, cada una de alrededor de 10 kilos, manteniendo la receta tradicional: harina blanca de maíz y relleno de panceta, lacón y chorizo. Se asan en las fornas centenarias, atendidas por los roxadores, y cada pieza se divide en 12 raciones.
El alcalde de Cabranes, Gerardo Fabián, destacó el valor patrimonial de este emblema del concejo, «Estamos en un lugar que, como bien podemos observar con las fornas centenarias, nos hace perdernos en el origen de los tiempos. No sabemos cuándo se hizo la primera, pero sí que la seguimos utilizando a día de hoy».
Uno de los momentos más destacados fue la entrega de la “Boroña de Oro” a Eugenio Caravia Foncueva, la máxima distinción del certamen por su compromiso con la parroquia.
Hubo también reconocimientos para los vecinos: Jaime Fabián Llavona, Francisco Cabranes Alonso y al joven Hugo Costales.