El Gobierno del Principado presentó en la mañana de hoy, martes 10 de febrero, el Pacto por el Medio Rural, un documento que nace con vocación de acuerdo amplio y mirada larga: frenar la despoblación, reforzar el tejido productivo y garantizar servicios en los territorios que sostienen —en silencio— buena parte de la identidad asturiana. Una especie de contrato social con el campo.
El presidente del Principado, Adrián Barbón, defendió el Pacto como «un compromiso firme con el futuro del medio rural» y como una herramienta para «pasar de las palabras a los hechos». El objetivo, insistió, es claro: que vivir en un pueblo no sea una desventaja, sino una elección posible. En su intervención subrayó la necesidad de blindar servicios básicos, mejorar conectividad, apoyar al sector primario y dignificar la vida rural como pilar estratégico de Asturias.
Con ese objetivo, precisamente, el Pacto para el Medio Rural plantea una serie de medidas estructurales encaminadas a que el campo asturiano permanezca vivo a través de un refuerzo de los servicios públicos de las zonas rurales que se traducen en inversiones importantes desde este año hasta 2029: 499 millones para garantizar la viabilidad de las explotaciones ganaderas, 60 para sanidad animal y 15 millones más para el pastoreo hasta 2030.
Pretendemos que cualquier persona, hombre o mujer, joven o mayor, pueda elegir vivir en el campo con la seguridad de que esa decisión no suponga renunciar a otras oportunidades
Más allá de cifras o planes, el Pacto toca algo más profundo: la posibilidad de seguir habitando los pueblos. Mantener abiertas escuelas que son mucho más que aulas, consultorios, tiendas que son punto de encuentro, y casas que guardan historias. El medio rural no es solo un espacio productivo: es un tejido humano.
El documento se remitirá ahora al Gobierno de España y a la Unión Europea con vistas no solo a coordinar políticas sino, también, «defender Asturias y el futuro del medio rural».
El rechazo de Asturias Ganadera al Pacto para el Medio Rural
Sin embargo, no todos se han sumado. Asturias Ganadera ha rechazado el Pacto por considerar que no responde a la realidad urgente del campo. Desde la organización entienden que el documento contiene planteamientos generales, pero carece de medidas concretas capaces de aliviar la presión diaria que soporta el sector: costes de producción, burocracia, rentabilidad o convivencia con la fauna salvaje.
Su postura no es tanto una negación del diálogo como una llamada de atención. Reclaman políticas más directas, menos declarativas y más pegadas al terreno. Porque detrás del debate político hay explotaciones familiares, generaciones que dudan si continuar y pueblos que dependen —todavía— del latido del sector primario.