De la indignación al desánimo: el saneamiento de Cabrales compromete la producción del año que viene
- La incógnita y las «incongruencias», motivos del enfado de los elaboradores de queso Cabrales
- El descenso en la producción de queso Cabrales, un hecho
- El Consejo Regulador llama a la tranquilidad mientras busca soluciones con la Administración
Suenan menos lloqueros estos días en Cabrales. Un silencio que, lejos de dar tranquilidad, es sinónimo de miedo. «Nadie sabe lo que se siente cuando cargas tus vacas en un camión para mandarlas al matadero»: así resumía un ganadero de Cabrales la imagen publicada por Quesería Maín que, desde ayer martes, se ha compartido en más de 2.000 ocasiones en redes sociales. El motivo: un vacío sanitario ante la sospecha de un positivo en tuberculosis. Una enfermedad que no solo afecta al ganado vacuno sino que, además, conlleva un impacto que va mucho más allá del económico.
Solo en los últimos 15 días, más de 200 vacas del concejo de Cabrales han corrido la suerte de ser sacrificadas y comercializadas para carne. El último vacío sanitario, ayer en Tielve, habría dejado la localidad sin vacas lecheras. Una estampa compartida con Inguanzo donde, hace apenas unos días, otro camión cargó todas las vacas de una ganadería que ya ha advertido que no retomará la actividad. Al impacto de ver cómo años de trabajo se venden al mejor postor, que suele aprovechar la coyuntura para tirar los precios de la carne, se suma el agotamiento y el miedo de que la situación se repita. Dos hechos que están mermando la ganadería de Cabrales y que comprometen a la joya de la corona del concejo: el queso.
Desde ayer, Jessica López, de Quesería Maín, no ha parado de recibir mensajes y llamadas de múltiples ganaderías de España que se enfrentan al mismo problema. Es una muestra de la desesperanza que viven muchos ganaderos de nuestro país que se enfrentan sistemáticamente a una enfermedad que, además de ser una desconocida en lo que respecta al contagio, todavía no tiene vacuna.
La incógnita y las «incongruencias», motivos del enfado de los elaboradores de queso Cabrales
«Lo que queremos saber es dónde está el problema, ¿es la fauna salvaje, son los piensos?», cuenta a EL FIELATO Jessica López, «¿por qué no hay una vacuna? ¿por qué nadie se ha molestado en intentar que exista?». «Nosotros como ganaderos, no tenemos ningún interés en tener animales enfermos», asevera, «lo que queremos es saber de dónde viene esa enfermedad; no entiendo qué interés hay en seguir matando animales sanos y en que se sigan cerrando ganaderías». Lo cambiante de los protocolos también es algo que enfada y mucho a esta cabraliega. «Lo que valía el año pasado, este año no vale; lo que el año pasado era así, este año no», dice visiblemente enfadada.
Los más chocante es que esa carne es apta y segura para el consumo humano. No tiene sentido
Los interrogantes de Jessica se replican en otra quesería de Tielve, la de Valfríu. Sandra Herrero Martínez nos atiende de camino a Madrid, donde esta tarde recogerá el Premio Alimentos de España. «Solo con ver las fotos de los camiones cargados con las vacas, inevitablemente se te saltan las lágrimas», afirma, «son de vecinos, trabajadores, no creo que haya palabras para describir sus sentimientos, al final gente que ha vivido por y para sus vacas, no solo su medio de vida, sino su forma de vida».
«Es imposible no sentir rabia por la incongruencias que hay en todo este tema, no hay nada claro, pero ante la duda tienes que deshacerte de todas las vacas», continúa, «están presuntamente malas, pero las venden para carne; no puedes hacer queso, pero sí puedes vender la leche para pasteurizar, cuando está demostrado que en un queso fermentado con más de 60 días no sobreviven las bacterias».
Ver cómo un pueblo cien por cien ganadero como era Tielve se queda sin vacas provoca mucha tristeza
El descenso en la producción de queso Cabrales, un hecho
Basta con hacer unas cuentas rápidas para comprender el impacto que la pérdida de cabaña ganadera va a tener en la producción de queso de Cabrales. Según datos facilitados por el Consejo Regulador, las cuatro ganaderías que acaban de sufrir el vacío sanitario suponían el 32% de total de la leche que se utiliza para la elaboración de este queso. Si ya de por sí este dato da una pista de la situación, la cosa se complica todavía más al saber que la ganadería de Inguanzo que ha cesado su actividad producía en torno a 700.000 litros de leche al año que no se van a recuperar; o que el vacío sanitario de estas ganaderías implicará un total de 1,5 millones de litros de leche menos al año.
La preocupación no está únicamente en las cuadras o en las queserías, sino que se ha instalado también en el Ayuntamiento. Jose Sánchez, alcalde de Cabrales, no puede disimular la intranquilidad que le produce todo lo que está sucediendo en su concejo. «¿Quién va a querer tener vacas de leche si se va a meter en una inversión gordísima en ganado y le pueden hacer un vacío sanitario para tener que empezar de cero?», afirma, «tiene que haber otra fórmula para mantener sana la ganadería que no sea matarlas a todas».
No hay nada que nos justifique llevar las vacas al matadero pero tampoco hay nada que nos justifique no hacer queso
El primer edil de Cabrales no pone únicamente el foco en las pérdidas económicas que suponen las sospechas de positivos en tuberculosis. «Ya no hablamos únicamente de que una vaca, que ahora mismo además no hay, vale entre 2.000 y 3.000 euros», asegura, «hablamos de que hay gente que ha trabajado durante ocho o diez años para conseguir una genética determinada, para mejorarla; y, de pronto, se ve abocado a sacrificar a sus vacas sin saber realmente si sus animales están enfermos o no».
El Consejo Regulador llama a la tranquilidad mientras busca soluciones con la Administración
Para Benigno Pérez Herrero, presidente del Consejo Regulador de la DOP Cabrales, el drama de los vacíos sanitarios es una herida reciente. «A mí me tocó hace cinco años y se sufre mucho», afirma, «salió una positiva en la prueba final, intenté aguantar vendiendo la leche a 30 céntimos el litro -porque conseguí que vinieran hasta aquí a recogerla- y, al final, no pude aguantarlo más y mandé las 42 vacas al matadero».
De los 42 animales sacrificados, ninguno dio positivo
La combinación entre experiencia y su papel al frente del Consejo Regulador le permiten ser tajante sobre lo que se está viviendo. «Esto es un círculo vicioso que hay que romper por alguna parte», afirma, «porque nadie te obliga a mandarlas al matadero pero, al final, las circunstancias y los hechos te obligan a hacerlo». «Desde el momento que sale una positiva, ya no puedes usarla para leche; tienes que esperar dos meses, volver a sanear», narra, «y si sale una positiva, volver a esperar otros dos meses». «Al final te ves obligado a deshacerte de ellas porque, económicamente, no lo puedes sostener», dice, «y la segunda parte es que, cuando te indemnizan, al año siguiente Hacienda te reclama un 20% en impuestos».
Lo que no se ve es toda la repercusión que tiene un positivo. Si no rompemos ese círculo, acabaremos desapareciendo
Uno de sus objetivos al frente del Consejo Regulador es acabar con ese círculo vicioso, y ya ha comenzado a dar pasos en esa dirección. Además de mantener una reunión la pasada semana con Marcelino Marcos, consejero de Medio Rural; Benigno ejerce de portavoz del sentir de los muchos ganaderos y queseros cabraliegos que trabajan con la amenaza de que su ganadería tenga un positivo. «Es fundamental saber de dónde viene la tuberculosis, y eso no lo vamos a averiguar vaciando cuadras», asegura, «pero hay que salir del laberinto ya sea depurando el sistema de pruebas, sabiendo si esa leche se puede utilizar de forma segura -al igual que la carne lo es- o viendo si, finalmente, el Ministerio aprueba la rebaja del impuesto por las indemnizaciones».
La disposición es tal que, según afirma, «desde el Consejo estamos dispuestos a financiar estudios sobre la leche, sobre el queso... sobre lo que sea pero que tengamos una solución de una vez».
El consumo de Cabrales, garantía de seguridad
Antes de despedirnos, el presidente del Consejo Regular incide nuevamente en una de sus preocupaciones. «Es importante no inventarnos una alerta sanitaria sobre el queso de Cabrales, porque no la hay», afirma recordando que los de ahora son los sextos vacíos sanitarios que se han llevado a cabo en el concejo en una década sin que eso haya repercutido nunca en su producción artesana.
«Nuestro queso es completamente seguro a nivel sanitario y, por eso, pido tranquilidad al consumidor», sentencia para terminar, «nosotros no nos arriesgamos a que haya ningún problema pero noticias como esta pueden ser malentendidas, y por eso es fundamental que el cliente, el que compra y come queso Cabrales, lo tenga claro: que puede seguir haciéndolo sin miedo».