Encuentro de Pueblos Ejemplares en Cangas de Onís

Dos de los tres pastores que aquel día de 1994 recogieron el Premio Pueblo Ejemplar de Asturias, protagonistas en la Finca Villa María-El Campanu.
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photo_camera Emilio Suero, Fernando Delgaod y Arturo Mier durante la charla, en la foto están los dos pastores el día que Felipe de Borbón estuvo en Linde Bobia.

Emilio Suero, de 98 años de edad y vecino de Gamonéu, pastor durante casi ocho décadas, centró buena parte del protagonismo en el XV Encuentro de Pueblos Ejemplares, celebrado por la Fundación Princesa de Asturias en el restaurante Villamaría-El Campanu, en Cangas de Onís. El acto reunió a representantes de las 36 localidades distinguidas a lo largo de la historia del premio, además de alcaldes, autoridades, miembros de la Fundación y del jurado, entre ellos su presidente, Francisco Rodríguez, y cronistas oficiales.

La presidenta de la Fundación Princesa de Asturias, Teresa Sanjurjo, abrió la cita con un llamamiento a trabajar unidos por el mundo rural. Después intervino el alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro, que puso en valor el esfuerzo, el sacrificio, la solidaridad, el amor a la tierra y el respeto por la naturaleza de los pastores. También destacó el papel del Consejo de Pastores en la defensa de una forma de vida y una cultura milenarias.

Emilio Suero fue quien hace ahora casi 32 años, leyó el discurso de agradecimiento en Linde Bobia, el día que el por entonces Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, visitó Onís para entregar a los pastores de los Picos de Europa, el Premio Pueblo Ejemplar de Asturias. Aquel discurso volvió a escucharse hoy, sábado, en el Villa María, en voz de su nieto, Sergio Suero.

Con Fernando Delgado, secretario del jurado del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias y cronista oficial de Morcín, como moderador, participó igualmente Arturo Mier, que con solo 12 años, en 1994, era el pastor más joven de los Picos de Europa y fue quien recogió entonces el talón del galardón, que también se recordó hoy «llevé para mi casa y andaban todos buscándolo», apuntó entre las risas de las más de doscientas personas que abarrotaron el salón principal del establecimiento cangués.

Hubo un recuerdo para otra persona que aquel día frió y nublado de 1994 también fue protagonista en Linde Bobia, Manuel Crespo Fernández, “Lomba”, de San Román (Amieva), ya fallecido, quien recogió el diploma del premio en 1994.

La mañana discurrió entre varias ponencias y animado coloquio