Hace apenas 24 horas se supo que uno de los boletos de Eurojackpot vendidos en Cangas de Onís –más en concreto en el kiosco de la plaza del Ayuntamiento– había resultado premiado con 113.000 euros. Ha tenido que pasar un día para conocer la identidad del afortunado, que supone una alegría por partida doble. Por un lado, porque el premio se queda en el concejo. Por otro, porque el agraciado no es otro que Juan Ramón, "Juanra el de El Abuelo": un conocido y querido hostelero cangués a quien la suerte golpea –para bien– por segunda vez.
La historia de este premio es, como dice el propio Juanra, fruto de «la más pura casualidad». «El cuponero vino el martes por la mañana y estaba el bar a tope de gente; me dijo que si echaba un Eurojackpot y, cuando eché mano al bolsillo, solo tenía un billete de 10 euros», relata a El Fielato sonriendo, «como había tanto lío y por no tener que andar a vueltas con el vuelto, le dije que me echara cinco apuestas... y mira la sorpresa».
El premio –«un pellizquín curiosín» como lo define el propio Juanra– llega en un buen momento. «Tengo una moto vieja de 500 que me está dando muchos problemas y que quería cambiar el año que viene; así que voy a poder hacerlo antes», nos cuenta, «y el resto del dinero para el plan de pensiones del día de mañana, porque tengo 67 años y soy jubilado con una jubilación activa, pero tampoco me ha dado mucho tiempo de pensarlo». El motivo: estar en plena temporada alta y trabajando en el establecimiento que abrió hace ahora 44 años –«el 15 de este mes, pasado mañana, es el aniversario»– a destajo con una cocina que funciona de manera interrumpida desde por la mañana hasta por la noche.
Este «pellizquín» es el segundo que recibe Juanra, quien dice orgulloso que sigue al frente de El Abuelo tras tantos años trabajando mucho y sin que nadie le haya regalado nada. La otra vez en la que la suerte le apuntó con el dedo fue hace unos años. El importe y las circunstancias, sustancialmente distintos: «Era el día de Navidad y fue un cupón de la ONCE; estaba ingresado en el hospital cuando, a las 8 de la mañana, me llamaron diciendo que nos había tocado». «El bar estaba cerrado –cerramos el 10 de diciembre– y llamé a Laura –mi hija– para pedirle que cogiera las llaves, se fuera al bar, le hiciera una foto y que lo guardara bien que nos había tocado», cuenta entre risas.
A Juanra nadie le ha regalado nada, como él mismo dice. Pero quizás por eso y por ese carácter afable que le caracteriza, la suerte ha querido darle nuevamente una sorpresa que él agradece a la fortuna pero, además, al cuponero que va a verle religiosamente a su establecimiento. «Yo solo espero que, ahora que la gente sabe que él me vendió un boleto premiado, esto sirva para que tenga más clientes», dice con esa bonhomía que le caracteriza, «que de esto va la cosa, de ayudarse». Y qué mejor manera de definir quién es Juanra, con o sin boleto premiado.