La festividad de Santa Lucía volvió a demostrar este sábado por qué es una de las citas más arraigadas y emotivas del calendario local. Vecinos y visitantes se congregaron en Sotu de Cangas en una jornada donde la tradición, la devoción y, sobre todo, el espíritu comunitario fueron los grandes protagonistas.
El momento cumbre del día llegó, como dicta la costumbre, con la esperada subasta del ramu. Este año, la puja por la pieza principal —la tradicional rosca grande de pan— ofreció un espectáculo de rivalidad sana y expectación máxima. Los vecinos de Sotu de Cangas y los de El Bosque protagonizaron un vibrante y reñido duelo que se prolongó durante varios minutos, manteniendo en vilo a todos los asistentes.
Finalmente, la balanza se decantó del lado de los vecinos de El Bosque, quienes se adjudicaron la pieza por una cifra de 2.300 euros. Con este triunfo, el pueblo recupera una tradición que se les resistía desde hacía tres años, período en el que no habían logrado hacerse con el codiciado botín.
Un gesto que encoge el corazón
Sin embargo, más allá de la histórica cifra y la intensa competición, el instante más recordado de la jornada se vivió minutos después de que cayera el martillo. En una muestra de generosidad y unión vecinal, los adjudicatarios decidieron entregar el bollu grande de pan a Marga Cimentada, en recuerdo de Celsín, una figura sumamente querida y estrechamente vinculada al alma de estas fiestas.
El noble gesto buscaba rendir homenaje a la pasión y el cariño con los que Celso vivía y sentía la festividad de Santa Lucía. La plaza rompió en un apluso cerrado y unánime, cargado de una profunda emoción que hizo brotar las lágrimas de más de un asistente.
La jornada de este sábado en Sotu de Cangas no solo sirvió para cumplir con el rito anual, sino para recordar que, por encima de pujas y rivalidades vecinales, lo que verdaderamente sostiene a estos pueblos son los lazos de afecto, el respeto a la memoria y el sentido de comunidad.