Se trata de un camino que da servicio a varias fincas, un vecino y un alojamiento de turismo rural; un camino que arranca perfectamente hormigonado, pero que a los poco más de diez metros, se transforma en un camino de carro, lleno de socavones y con "prau" a lo largo de todo el eje central. Cuando llueve, como ocurre estos días ya se pueden ver los charcos.
El camino en cuestión, que discurre por la ribera del río Tabardín, está en la localidad de Llanu Con, en Cangas de Onís.
El camino está hecho una auténtica llaceria.
Carlos Peñayos lleva tiempo pidiendo al Ayuntamiento de Cangas de Onís que se repare el camino, «que cada día está peor» –apunta–, de hecho hasta los turistas que alquilan un alojamiento rural, al que se llega también por el mismo camino, han expresado ya sus quejas, y no es para menos.