Francisco José Llera Ramo ha alcanzado uno de los mayores reconocimientos de la vida académica española sin olvidar el lugar donde empezó todo. El sociólogo y politólogo nacido en Caravia ha ingresado como académico de número en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, una institución que reúne a algunas de las principales figuras del pensamiento y las ciencias sociales del país.
El investigador asturiano ocupó la medalla número 38 con el discurso 'La Corona ante los retos de una democracia polarizada', una reflexión sobre el papel de las instituciones en un momento marcado por la fragmentación política y la pérdida de consensos. Su incorporación a la Academia reconoce una trayectoria de más de cuatro décadas dedicada al estudio de la opinión pública, el comportamiento electoral y la calidad democrática.
Catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco y director durante años del Euskobarómetro, Llera se ha convertido en una de las voces más respetadas del análisis político español.
«Yo soy de Caravia»
Aunque desarrolló gran parte de su carrera profesional fuera de Asturias, nunca ha roto el vínculo con su tierra. Conserva la casa familiar en Caravia, donde sigue viviendo su madre, de 99 años, y mantiene el contacto con amigos de toda la vida, con quienes celebró su nombramiento. «Yo soy de Caravia. Con Asturias he estado continuamente vinculado. En ningún momento me siento emigrante», subraya.
Esa relación quedó patente también durante su discurso de ingreso, en el que reivindicó la aportación histórica de Asturias al desarrollo de España. Llera recordó que procede de una comunidad «pequeña en lo físico y en lo demográfico, pero grande en sus aportaciones intelectuales y en su papel modernizador», y se mostró orgulloso de incorporarse a una institución por la que han pasado destacados nombres asturianos.
Durante la entrevista concedida a El Fielato, el nuevo académico fue más allá de la actualidad política para reflexionar sobre los valores que aprendió en Asturias y que, a su juicio, han marcado tanto su trayectoria personal como profesional. La cultura del esfuerzo, la honestidad, el sentido de comunidad, la solidaridad entre vecinos, el respeto por la palabra dada, la responsabilidad y la capacidad para llegar a acuerdos forman parte de una manera de entender la vida que considera inseparable de la identidad asturiana.
«Fuimos vanguardia de la modernización de España. No lo podemos olvidar», sostiene.
Sin embargo, Llera lamenta que parte de ese legado corra hoy el riesgo de debilitarse. La pérdida de referentes compartidos, el individualismo creciente y la dificultad para construir proyectos colectivos son algunas de las cuestiones que más le preocupan. Por ello defiende que Asturias debe mirar al futuro sin renunciar a aquello que la ha definido históricamente. «Asturias necesita repensarse a sí misma seriamente y, sobre todo, recuperar nuestras señas de identidad y nuestra manera de ser, que es de las más ricas de España».
Desafíos actuales
El análisis de la situación política actual ocupó también una parte importante de la conversación. Llera observa con preocupación la creciente polarización que afecta a buena parte de las democracias occidentales y advierte de que las instituciones no pueden darse por garantizadas.
«La democracia hay que cuidarla día a día. Es como una planta, hay que regarla continuamente. Si no se marchita», recuerda.
A su juicio, la pérdida de consensos básicos y la desafección ciudadana representan algunos de los principales desafíos del momento. Precisamente, esa reflexión fue uno de los ejes de su discurso ante la Real Academia, donde defendió la necesidad de preservar aquellos espacios e instituciones capaces de favorecer la estabilidad y la cohesión social.
Con su ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Francisco Llera suma un nuevo reconocimiento a una trayectoria académica de referencia. Pero, por encima de los honores, sigue reivindicando la tierra donde nació y unos valores que considera imprescindibles para afrontar el futuro: el esfuerzo, el diálogo, la solidaridad y el compromiso con la comunidad.