Todavía quedan huesos por extraer del acantilado de Vega y años de trabajo por delante en el laboratorio, pero los investigadores del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) tienen claro que están ante un hallazgo excepcional. La visita realizada este viernes al centro, en la que participó la consejera de Cultura, Política Llingüística y Deporte, Vanessa Gutiérrez, permitió conocer el estado de los trabajos sobre el gran saurópodo descubierto en Ribadesella en 2024, un ejemplar que ya está considerado el dinosaurio más completo hallado hasta ahora en Asturias.
Durante el recorrido, la consejera destacó que el descubrimiento ha situado al museo en el foco de la comunidad científica internacional y subrayó que, por sus dimensiones, su estado de conservación y la cantidad de restos recuperados, el hallazgo podría abrir una nueva etapa para el MUJA y convertir al saurópodo en una de las piezas centrales de su exposición permanente.
Durante el recorrido, el equipo científico del museo, integrado por José Carlos García-Ramos, Laura Piñuela y Ángel García, mostró el trabajo que se desarrolla tanto en el laboratorio como en la litoteca. En estas tareas colaboran además el especialista argentino Pablo Puerta, experto en excavación y recuperación de fósiles, y el paleontólogo alemán Oliver Rauhut, responsable de la colección estatal de Paleontología y Geología de Baviera y colaborador habitual en el estudio de los dinosaurios asturianos.
La visita permitió acceder a espacios que habitualmente permanecen fuera del recorrido abierto al público. En el laboratorio, varias vértebras de grandes dimensiones continúan parcialmente ocultas bajo la roca que las protegió durante millones de años. Allí, los investigadores trabajan con herramientas de precisión para liberar poco a poco los huesos y prepararlos para su estudio.
La historia del saurópodo de Vega está lejos de haber terminado. Mientras en el laboratorio se preparan los restos recuperados durante las campañas anteriores, el equipo científico ha regresado al yacimiento para continuar con la extracción de nuevos fósiles. La actual campaña, la tercera que se desarrolla en la zona, busca recuperar más elementos del esqueleto de un ejemplar que sigue revelando información a medida que avanzan los trabajos.
Helicópteros para el traslado
Detrás de cada una de esas piezas hay meses de trabajo y una compleja operación de extracción. «Cuando uno va a un museo, en general, el fósil ya está preparado. Uno se pierde todo el trabajo previo, que es el de extracción y preparación», explicó Pablo Puerta, especialista en excavación y recuperación de fósiles. El investigador detalló que, una vez localizado el material en el yacimiento, este se protege mediante grandes envolturas de yeso para evitar daños durante el transporte. En el caso del saurópodo de Vega, la dificultad de acceso al acantilado hizo necesario incluso el uso de helicópteros para trasladar algunos de los bloques hasta el museo.
Una vez en el laboratorio los investigadores retiran la roca que rodea los huesos utilizando pequeñas agujas neumáticas y trabajan milímetro a milímetro para liberar cada pieza sin dañarla. La preparación de cada bloque puede prolongarse durante meses. «Un bochón de estos que nos llevó un mes extraerlo de la roca, transportarlo con el helicóptero y traerlo al museo, nos va a llevar aproximadamente un año de preparación», añadió.
Todo ese esfuerzo responde a la magnitud del hallazgo. Oliver Rauhut destacó durante la visita que los restos recuperados corresponden a parte del esqueleto de un gran saurópodo de cuello largo que vivió hace unos 152 millones de años.
«Hasta ahora es el dinosaurio más completo que se ha encontrado en Asturias», afirmó el paleontólogo alemán, quien explicó que el conjunto recuperado incluye numerosas vértebras de la cola, el sacro, parte de la columna vertebral y otros elementos anatómicos que permitirán conocer mejor cómo era este gran herbívoro del Jurásico Superior.
La relevancia científica del hallazgo va más allá del ámbito asturiano. Rauhut considera que el ejemplar puede aportar información clave para comprender la evolución y distribución de estos dinosaurios en Europa. «Muy probablemente es una especie nueva y nos da un panorama más amplio de la evolución de esos bichos durante el Jurásico», señaló.
La importancia que está adquiriendo el descubrimiento ha llevado además al MUJA a buscar la implicación del público. Durante la visita, Gutiérrez anunció una campaña para que las personas que visiten el museo propongan un nombre popular para el dinosaurio mientras continúan los trabajos de excavación, preparación y estudio de los restos. El centro pondrá además material de dibujo a disposición del público infantil para que pueda imaginar y representar cómo sería este gigantesco habitante del Jurásico.
Pero antes de que el ejemplar pueda exhibirse o reciba una denominación científica definitiva, la investigación continúa sobre el terreno. Laura Piñuela, geóloga y paleontóloga del MUJA, recordó que el trabajo de campo sigue siendo una de las principales prioridades del equipo y destacó la importancia de recorrer de forma constante el litoral jurásico asturiano para localizar nuevos fósiles antes de que los desprendimientos o la acción del mar los deterioren.
Piñuela definió además la costa asturiana como «un museo vivo», donde siguen apareciendo restos de dinosaurios, reptiles marinos, cocodrilos, tortugas y otras especies que permiten reconstruir los ecosistemas que existieron en Asturias hace millones de años.
