«Cuidar no es solo atender; es compartir, escuchar, pensar y preguntarles qué quieren», resume la gerente del ERA, Nerea Monroy. Esa frase sintetiza el cambio de filosofía que el Principado implanta en siete residencias públicas asturianas. Una de ellas es la de Lastres, que este jueves recibió la visita de la vicepresidenta y presidenta en funciones, Gimena Llamedo, para conocer de cerca el proyecto 'Como en Casa', un modelo que sitúa a la persona en el centro de los cuidados.
En el recorrido también participaron el alcalde de Colunga, José Ángel Toyos Cayado, y la directora del centro, Marleni del Valle Vega, junto a otros representantes municipales.
Basta cruzar la puerta para entender que algo está cambiando. En la entrada de cada habitación aparecen el nombre y la fotografía de quien vive en ella. Junto a muchas puertas cuelga una hoja con un título poco habitual en una residencia: 'Cómo me gusta que me cuides'. No recoge datos médicos, sino aspectos de la personalidad de cada residente, como sus gustos, aficiones o cómo suele encontrarse a lo largo del día. Esa información sirve de guía a los profesionales para adaptar la atención a cada persona. Hay quien pide que le den los buenos días antes de empezar la jornada, quien agradece que le pinten las uñas, quien necesita ayuda para ponerse unos pendientes o quien prefiere descansar un poco más antes de levantarse.
«Este centro es su casa», afirma Monroy. «Hay que salir del modelo en el que estábamos instaurados y caminar hacia otra forma de cuidar, mucho más personalizada, con ambientes más hogareños», explica. Para lograrlo, el equipo pregunta a cada residente qué quiere, qué prefiere y cómo le gusta vivir su día a día, siempre que las circunstancias lo permitan.
Algunas habitaciones conservan muebles, fotografías de familiares, colchas o pequeños objetos traídos desde casa. Hay incluso un piano de una de las residentes, que, tras toda una vida tocando el instrumento, no quiso renunciar a él y decidió trasladarlo a la residencia para seguir disfrutándolo. Son pequeños detalles que ayudan a mantener la identidad de quienes viven en el centro y hacen que el cambio de domicilio resulte menos brusco.
«El proyecto 'Como en Casa' consiste en hacer las cosas como te gustaría que te las hicieran en tu casa», resume Borja García, uno de los terapeutas del centro
Esa idea ha cambiado la programación diaria. Cada semana el equipo se reúne con los residentes para conocer qué actividades desean realizar y adaptar la oferta a sus intereses.
«Por la mañana nos centramos en el trabajo físico», comenta García. «Hacemos psicomotricidad, estimulación cognitiva, talleres, excursiones...», enumera. Las tardes se reservan para actividades de ocio. «Hay gente a la que le gusta colorear y otra prefiere jugar a las cartas o al bingo. No todo el mundo tiene que participar en todo», añade.
El profesional asegura que el cambio ya empieza a dar resultados. «Al tenerlos en cuenta se sienten escuchados y eso se nota sobre todo en el estado de ánimo», afirma. El centro cuenta, además, con una asociación de residentes y un portavoz que traslada propuestas, sugerencias y necesidades al equipo. Cada año organizan tres excursiones de día completo, cuyos destinos eligen entre todos.
La empatía, la clave de todo
Llamedo puso el foco en el equipo que hace posible ese cambio. «Lo más importante de este centro es la calidad humana de todos los profesionales», destacó durante la visita. A su juicio, el proyecto permite que las personas mayores «decidan también cómo quieren estar aquí», señaló.
«Eso mejora psicológica y emocionalmente los últimos años de vida de las personas. La empatía es la clave de todo», subrayó.
La filosofía del proyecto no se queda en el discurso. Durante la visita, los responsables del centro proyectaron un vídeo que muestra el día a día del centro. En las imágenes, residentes y trabajadores cantan, bailan, comparten talleres, juegan, salen de excursión o simplemente disfrutan juntos de pequeños momentos cotidianos. Una sucesión de escenas con muchas sonrisas y buen ambiente que refleja el objetivo del proyecto: que la residencia sea un lugar donde sentirse acompañado, seguir haciendo cosas y disfrutar de la vida.
Mercedes Jiménez, usuaria del centro de día desde hace casi un año, asegura que encontró allí algo más que atención. «La lástima fue no haber venido hace uno o dos años», reconoce. Tras quedarse viuda, en la residencia dice sentirse «como en familia». «Tengo muchos amigos, mucho cariño entre los compañeros y la atención es fabulosa», relata mientras enumera el gran número de actividades en las que participa desde comienzos de años. «Estoy encantada de la vida», resume.
Su única reivindicación tiene que ver con el verano. «Sin aire acondicionado lo pasamos muy mal», lamenta Mercedes, que aprovechó la visita para trasladar esta preocupación a la vicepresidenta, Gimena Llamedo, y a la gerente del ERA, Nerea Monroy. Monroy respondió que prevén incluir una partida presupuestaria el próximo año para instalar sistemas de climatización en los centros que todavía carecen de ellos. Hasta entonces, explicó, los residentes disponen de dos salas climatizadas en las que pueden permanecer durante los episodios de calor, además de otras medidas previstas en el protocolo para hacer frente a las altas temperaturas.
Antes de despedirse, los profesionales mostraron a la vicepresidenta la terraza desde la que residentes y trabajadores observarán juntos el próximo eclipse solar con gafas homologadas. La actividad, elegida por los propios residentes, les permitirá disfrutar de un fenómeno astronómico poco habitual y sumar un nuevo recuerdo a la vida del centro.