martes 4/8/20

«Bares y restaurantes están haciendo un gran esfuerzo para adaptarse a la nueva normalidad»

Rocío Quince inspeccionando una quesería.
Rocío Quince inspeccionando una quesería.

La hostelería y el COVID

Los bares y restaurantes están haciendo «un esfuerzo enorme» por adaptarse a la nueva normalidad. Lo dice la veterinaria afincada en Parres Rocío Quince Camino, que trabaja como inspectora de Sanidad en los concejos del Oriente asturiano (Área VI), donde hay unos 800 establecimientos. Quince, que además preside la Comisión de Seguridad Alimentaria del Colegio de Veterinarios de Asturias y es vocal en su Junta de Gobierno, insiste en que «si queremos prevenir un contagio la responsabilidad ha de ser recíproca, no solo del hostelero».

– ¿Cómo ve la situación en esta nueva normalidad? ¿Ha cambiado mucho su trabajo?

– En esta zona fundamentalmente hay bares y restaurantes que gran parte del año viven del turismo. Si bien no todos han reabierto, las inspecciones se hacen más largas pues además del control sanitario ordinario dedicamos más tiempo para revisar el plan de contingencia que el responsable del bar o restaurante ha tenido el deber de implantar.

El periódico puede estar en un bar, pero próximo a él debe haber un gel desinfectante de manos

– ¿En qué consiste ese plan de contingencia?

– El dueño de un establecimiento ha tenido que desarrollar, antes de volver a abrir, una serie de medidas de protección para protegerse él, sus empleados y, por supuesto, sus clientes. Son medidas basadas en extremar la desinfección de todo el local incluyendo todos los puntos que pueden contaminarse más fácilmente por el público o los propios trabajadores como mesas, sillas, barra, loza, cubiertos, manillas, interruptores, grifos...Y claro está la desinfección de las personas con el uso de desinfectantes para las manos. Si un establecimiento no cuenta con estas medidas de protección, mejor no entrar. La mayoría de ellos se lo están tomando muy en serio y están siendo muy rigurosos. Han formado e informado a su personal y están cuidando y protegiendo la salud de sus clientes.

– ¿Puede el dueño de un bar o un restaurante imponer unas reglas de comportamiento en su establecimiento?

– Puede y debe hacerlo. Una buena idea es hacerlo con cartelería. Un cartel informativo colocado en un lugar visible es la mejor manera de señalar las nuevas normas que los clientes tenemos que cumplir. Esta situación nos obliga a cambiar la forma de entrar en cualquier establecimiento, no solo un bar. No podemos hacerlo como lo hacíamos antes. Lo primero es llegar tranquilos, y antes de entrar debemos mirar si hay expuesto algún cartel con las normas, leerlas detenidamente, y usar el gel desinfectante que estará colocado cerca de la entrada.

 «La pantalla es un equipo de protección individual que no ha de sustituir a la mascarilla»

– ¿Y luego sentarte?

– Puede que el cartel te diga que no te sientes hasta que hayan desinfectado una mesa en tu presencia o que te sientes en determinadas mesas que están marcadas. Pero no podemos llegar y empezar a mover las sillas, ni en la mesa, ni en la barra. El dueño las ha colocado así para cumplir con lo que se le exige. Si lo necesita, un grupo ha de esperar a que le coloquen otra mesa y no se agolpen en la misma provocando que se reduzca la distancia con las sillas o las mesas de al lado.

– ¿Cómo gestionamos el tema de la mascarilla?

La mascarilla hay que llevarla puesta. No solo los trabajadores de los locales públicos han de cumplir las exigencias de esta nueva normalidad, sino que todos debemos ser responsables y comportarnos debidamente respetando las normas de seguridad que estamos obligados a conocer. Hemos estado muchas semanas confinados en casa. A estas alturas ya hemos tenido tiempo de aprender que la higiene, la distancia de seguridad y la mascarilla son necesarias para evitar la propagación del virus. El principal peligro es la saliva, no solo cuando se nos escapa a veces de manera invisible, sino esas gotitas diminutas que no se ven, pero que salen al hablar sin darnos cuenta. Recientemente además, la OMS está valorando que el virus también pueda transmitirse por el aire en locales cerrados sin ventilar. Eso significa que pequeñas partículas con carga vírica expulsadas por una persona al hablar o cantar, pueden quedar suspendidas en el aire unos minutos e infectar a alguien que las inhale. No hace falta que dos personas estén a menos de metro y medio para que se propague el virus. En un local mal ventilado puede quedar suspendido en el aire un corto periodo de tiempo aunque la persona infectada se haya marchado. Con lo que la mascarillas hay que llevarla. Y colocarla bien. Llevarla puesta de cualquier manera, con la nariz descubierta, sin ajustar a los lados, al revés... puede estar dando una sensación de seguridad falsa y no estar sirviendo para nada más que para molestar. Cuando se quite, para comer o beber no hay que dejarla sobre la mesa y mucho menos tirarla por ahí. Hay que guardarla y volver a ponerla en cuanto terminemos.

– ¿Podemos sustituir la mascarilla por una pantalla protectora?

– No. Nunca. La pantalla es un equipo de protección individual que no ha de sustituir a la mascarilla.

– ¿Puede haber prensa en un bar?

– El periódico puede estar en un bar, pero próximo a él debe haber un gel desinfectante de manos. El cliente, con sus manos limpias, ha de usar el gel antes y después de leer el periódico. Si se levanta a recogerlo debe hacerlo con la mascarilla puesta y debe leerlo con ella también. Así evita llevar el dedo a los labios para pasar las páginas.

– ¿Y cómo se deben utilizar las máquinas de tabaco?

– Al lado de cualquier máquina recreativa, de autovending o de tabaco ha de estar un gel para usar antes y después de tocar la maquina. Se ha de advertir de ello con un cartel. Después de la boca, el segundo peligro son nuestras manos. Todo lo que toquemos se convierte en algo que hay que higienizar así que debemos movernos y manosear lo menos posible.

– ¿Está claro que los alimentos no transmiten el virus?

– Efectivamente, no hay evidencias de que este virus sea un virus alimentario. Los alimentos se comportan en esta enfermedad, como una superficie de contagio más si las contamina una persona infectada.

– ¿Se pueden seguir dando pinchos de cortesía con la consumición?

– Sí. Pero de manera individual. Nunca en una bandeja común y que podamos elegir y coger uno nosotros.

– ¿Podemos fiarnos de los carteles que ponen algunos establecimientos con el sello Covid Free (libre de Covid)?

– Esos carteles no deberían estar puestos en ningún establecimiento. No garantizan nada.

– ¿Cree que el público está cumpliendo?

– En general sí, pero ya he visto de todo. Hasta riñas. Hace unos días, presencié una discusión en una terraza de Cangas de Onís. Una persona increpaba a otra que acababa de sentarse en la mesa de al lado por no llevar mascarilla. Esta le contestó gritando que no tenía que llevarla porque se iba a tomar un café y que entonces no era obligatoria. Pero no tenía razón: en ese momento no estaba bebiendo ni comiendo. Estaba hablando enfadada muy alto. Si hubiese sido portadora del virus podía haber iniciado un brote. Tenía que haberse puesto la mascarilla para discutir. La distancia de seguridad desapareció en el momento en el que surgió el enfado porque ambas personas acercaron sus cuerpos para reñir y la distancia de seguridad quedó reducida a la mitad.

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