viernes 27/11/20

La solidaridad en Piloña tiene forma de tapón

Raquel Álvarez Currás en Infiestu.
Raquel Álvarez Currás en Infiestu.

Raquel Álvarez Currás tiene 42 años y una máxima clara: la de ayudar a los demás siempre que lo necesiten. Por eso esta vecina de Infiesto impulsa una recogida de tapones solidaria en Piloña en favor de Raquel Barriga, una niña de Candamo que padece una enfermedad rara. Los plásticos son enviados a una planta de Pravia y con el dinero obtenido por su reciclaje los padres sufragan las terapias de la menor, diagnosticada con el síndrome de Phelan-McDermid,  una patología genética causada por la pérdida de un trozo del cromosoma 22 que provoca dificultades en el desarrollo.

Cada semana recorre a pie los bares y comercios de Infiesto reuniendo cientos de tapones que le dejan los vecinos y que después almacena en un garaje junto al parque de La Benéfica hasta que son recogidos semestralmente por los padres de Barriga.

La de Currás es una historia de superación.  Con diez años sufrió un atropello a la salida del colegio de Infiesto que le dejó secuelas y la obligó a varias intervenciones quirúrgicas. Pero a ella no le gusta hablar de  sí misma y prefiere poner el foco en los demás. «En su día ya recogí tapones para una niña de Moreda que se llamaba Shamira así que cuando hace algo más de tres años fui a nadar a la piscina climatizada de Nava me dijeron que colaboraban con una cría de Candamo no dudé en sumarme a la causa», cuenta.

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Raquel Barriga, la niña de Candamo a la que va destinada la campaña solidaria.

Desde entonces cada semana recorre a pie los bares y comercios de Infiesto reuniendo cientos de tapones que le dejan los vecinos y que después almacena en un garaje junto al parque de La Benéfica hasta que son recogidos semestralmente por los padres de Barriga. Su esfuerzo y tesón han hecho que cada vez más personas se sumen a la causa. «La implicación es total empezando por los de la Clínica Veterinaria de Terán que nos ceden espacio en el garaje y siguiendo por los taxistas, los profesores de los colegios de Infiesto, de Sevares y del Instituto,  las farmacias del Puente y de Noriega o los de la Agraria que siempre me guardan los todos los tapones que pueden», afirma.

En la tarea de recolección no está sola: su madre María Victoria y su hermana Carolina la ayudan cuando la carga es pesada.«Con esto del coronavirus es más difícil porque yo soy grupo de riesgo así que ellas me echan un cable en todo lo que pueden y me aconsejan que no ande tanto por la calle», explica Currás. Las tres han creado un fuerte vínculo de amistad con la familia de la niña afectada por la enfermedad rara. Hasta el punto de que la madre de la menor, Mariluz Estrada, se deshace en elogios hacia ellas. «No hay palabras para describir el agradecimiento que sentimos porque se nota que lo hacen con todo el cariño del mundo. Estamos deseando que pase la pandemia para ir a visitarlas», insiste.

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Currás junto a uno de los cargamentos de tapones que salieron rumbo a Pravia.

Pese a la difícil situación sanitaria Currás asegura que seguirá adelante con la iniciativa, que aúna solidaridad y respeto por el medio ambiente. «Aunque echo mucho tiempo no me pesa. Prefiero hacer esto que hacer actividades de ocio como ir al cine porque me llena más», concluye.

La solidaridad en Piloña tiene forma de tapón
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