Fútbol y sentimiento. Una mezcla marcada por recuerdos, vínculos e historias forjadas durante décadas. La construcción de un factor común y a la vez tan diferenciado, el ADN. Un componente irrepetible e inherente de cada club, que puede tener su base en la élite, la estabilidad o la victoria. Pero que también se desarrolla desde la lucha, el sufrimiento o la caída.
El Real Oviedo pertenece a este segundo conjunto. Un origen de superación, con sus primeros cimientos en la máxima categoría del fútbol español. Un desarrollo que ha vivido múltiples altibajos durante el siglo XX y ha sufrido sus dos golpes más importantes en el XXI. Desde entonces, una travesía por el barro que reforzó aún más el sentimiento del oviedismo. Y es que el resurgir de la entidad no se explica sin su afición. Tampoco la actualidad, con opciones de salvación en Primera, competición que podrás disfrutar con el Código promocional SKOVIP para 200€ en Sportium.
Del protagonismo en la élite a una caída institucional
Los inicios del Real Oviedo estuvieron vinculados a la élite del fútbol nacional desde un primer momento. Los ovetenses arrancaron en Segunda División en 1929, fecha en la que se fundó el Campeonato de Liga. Cuatro años después consiguieron su primera gran alegría, el ascenso a la máxima categoría. Un proyecto que alcanzó la competitividad, aspiraciones altas y grandes resultados en las siguientes temporadas.
La Guerra Civil cambió la realidad del club. Dicho contexto trajo dificultades en los siguientes años y el primer descenso en 1950. El siglo se convirtió en una montaña rusa, con presencia tanto en la élite como en el fútbol de barro. A finales de los 80 comenzó la época más exitosa del Oviedo, volviendo a Primera y disputando la UEFA en 1991. Una racha que se prolongó hasta 2001, curso en el que el equipo ovetense regresó a Segunda tras 13 temporadas en la cima y siendo su 75 aniversario.
- El impacto del doble descenso y la resistencia del oviedismo
El varapalo en una fecha tan especial se convirtió en pesadilla tan solo dos años después. Y es que el Oviedo vivió un doble descenso en 2003. Primero deportivo, pasando a Segunda División B. Posteriormente administrativo, debido a una situación de impagos. Una realidad impensable a comienzos de siglo, que acabó en un abrir y cerrar de ojos con un histórico en Tercera.
La política se sumó como otro enemigo más. El propio ayuntamiento dio la espalda a uno de los patrimonios de la ciudad. Un hijo nacido en 1926, que se tambaleaba tres cuartos de siglo después y al que intentaron sustituir aprovechando la dramática situación. El objetivo era que el Oviedo ACF, creado sobre el histórico Astur, recogiese el testigo y la representación del Real Oviedo.
Aquí es donde salió a relucir el verdadero ADN oviedista, representado por la resiliencia. Más de 10.000 personas se abonaron en Tercera División y más de 20.000 acudieron al encuentro de Playoff frente al Atlético Arteixo, batiendo récords en la categoría. Algo que se repitió en la 2004/05, con 12.700 socios y más de 25.000 almas en el partido que significó la vuelta a Segunda B. Una demostración de amor, sentimiento y pertenencia para defender la vida, historia e identidad del Real Oviedo.
2012 como símbolo oviedista
La caída del Oviedo se frenó momentáneamente. Un oasis en medio de una crisis económica que llegaría a su punto álgido en 2012. No era una situación puramente deportiva, sino que implicaba un riesgo real de desaparición. La única solución pasó por una ampliación de capital y la necesidad imperante de conseguir 2 millones en pocos días. Y de nuevo apareció el elemento más importante del ADN, su afición.
La respuesta del oviedismo fue inmediata, iniciando un grito al mundo con la intención de salvar su vida. Una de las caras más visibles fue Sid Lowe, periodista que lanzó una campaña en Twitter bajo el lema SOS Oviedo. Figuras ilustres como Cazorla, Mata y Michu pusieron su granito de arena y difundieron el mensaje. Una repercusión que se saldó con más de 37.000 accionistas repartidos en 87 países.
De nuevo la movilización del pueblo rescató al club. Una inspiracional muestra de resistencia, de amor al escudo que tuvo un efecto aún mayor. El Grupo Carso, atraído por ello, se convirtió en el máximo accionista. El Real Oviedo salvó el partido más importante de su historia. Pero, sobre todo, estableció 2012 como símbolo oviedista. Una herencia marcada por una máxima: caer, luchar y volver.
El duro camino a Primera
La estabilidad económica supuso la primera piedra para el retorno al fútbol profesional, que se produjo en 2015. Desde entonces, una década en la segunda categoría y el sueño de retornar a la élite. El objetivo se rozó en 2024 con la disputa de la final en los Playoffs. Sin embargo, el destinó volvió a ser cruel y el Oviedo se quedó a las puertas del cielo frente a un Espanyol que remontó la desventaja de la ida.
Lo que no sabía el aficionado oviedista es que, tan solo un año después, las lágrimas de decepción se convertirían en un grito de alegría. El del ascenso. El de una ciudad que había sufrido durante un cuarto de siglo. Y no fue fácil. Se consiguió al más puro estilo carbayón. Primero cayendo (0-2 global en contra), después luchando (llegando a la prórroga) y, por último, volviendo a Primera (3-2).
La historia juega
La ilusión del regreso a Primera se fue convirtiendo en desesperación. Ningún oviedista esperaba un camino de rosas, pero tampoco estaba preparado para una plantilla escasa y tres entrenadores en cuatro meses. Una situación límite y un mercado de invierno que no solucionó problemas. La llegada de Almada sí supuso un hilo de esperanza en el juego, que no se transformó en resultados. El equipo parecía destinado a Segunda.
Pero la historia juega. Una identidad que permite soñar con la salvación, aunque parezca imposible. El último mes ha devuelto la esperanza con 10 de 15 puntos posibles. Por delante siete finales y la certeza de que nadie va a rendirse. Resistir también es ganar y la afición oviedista lo ha demostrado. Quién sabe qué dictará la clasificación. Más allá de ello, el oviedismo está escribiendo un capítulo más en su ADN.