La fibra y el 5G acercan el ocio digital a los pueblos del Oriente asturiano

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photo_camera Adrian Swancar (Unsplash)

Durante años, vivir en un pueblo de los Picos de Europa significaba renunciar a la conexión media. La televisión se veía a saltos, una película tardaba una noche entera en cargar y el teletrabajo era poco más que una promesa. Esa fotografía ha cambiado deprisa: hoy, en concejos como Cangas de Onís, Ribadesella o Amieva, una casa de aldea abre un vídeo en alta definición con la misma soltura que un piso de Oviedo, y esa diferencia lo ha alterado casi todo, empezando por la forma de llenar el tiempo libre.

El ocio que ahora cabe en una pantalla

Con una conexión estable, el catálogo de opciones se iguala al de cualquier ciudad. Las series bajo demanda, la música, las videollamadas familiares o las partidas en línea con amigos que viven lejos caben en el mismo aparato y a la misma hora. Dentro de esa oferta también han entrado las plataformas de juego online, donde muchos usuarios comparan propuestas como los 100 giros gratis sin depósito en España antes de decidirse por una u otra. Lo importante es que esa elección ya existe en la aldea igual que en el centro de la ciudad; la conexión ha dejado de ser el filtro que decidía a qué se podía jugar o qué se podía ver.

Una brecha reducida a menos de diez puntos

Según el informe de cobertura del Ministerio para la Transformación Digital, la cobertura de 5G en el medio rural se triplicó en tres años y hoy llega al 80 % de la población, frente al 26 % de 2021, mientras que la fibra hasta el hogar alcanza ya a cerca del 87 % de las viviendas rurales. La distancia con la media nacional, enorme durante décadas, se ha quedado en menos de diez puntos. Buena parte de ese salto se explica por los fondos europeos y por el  Programa ÚNICO Ancha, que ha llevado el cable a zonas que antes quedaban al margen.

La fibra llega a las parroquias

El despliegue se nota sobre todo en las parroquias, esos núcleos pequeños donde antes no llegaba ni la señal del móvil. En el concejo de Llanes, por ejemplo, este periódico contó el plan para dotar de fibra óptica a todos sus pueblos, con conexiones de hasta mil megas coordinadas junto al Ayuntamiento. En las aldeas más aisladas de Ponga o Amieva, donde tender cable resulta caro, el satélite cubre el hueco. Para muchas familias, la diferencia se mide en gestos pequeños, como ver una serie sin cortes o dejar que los hijos jueguen con compañeros de otros concejos sin que la partida se congele. Así, un caserío de montaña dispone hoy de una conexión que hace diez años parecía imposible.

El teletrabajo cambia las costumbres

La mejora de la red acompaña otro cambio: la llegada de nuevos vecinos. Cómo Villaviciosa llevan años sumando habitantes, y entre esos vecinos hay cada vez más gente que trabaja a distancia para empresas de fuera. Con ellos se ha transformado el modo de entretenerse, porque la misma línea que sirve para una reunión por la mañana alimenta por la tarde una serie o una partida en línea. En los chigres ya no extraña ver al ganadero que mira el precio de la leche en el móvil sentado al lado de quien teletrabaja para una oficina de otra ciudad.

Seguir el Sella o al Sporting desde el sofá

El ocio conectado también ha estrechado el vínculo con lo de casa. Quien no puede bajar a la orilla el primer sábado de agosto sigue el Descenso Internacional del Sella en directo desde el móvil, con estadísticas y repeticiones al instante. Ocurre lo mismo con el Sporting o La Ciudad deportiva del Real Oviedo, cuya retransmisión llega igual a Gijón que a una aldea de Cabranes. Las fiestas de prau, los conciertos y hasta los plenos municipales se emiten ahora en vídeo, de modo que seguir la vida del concejo ya no obliga a estar en la plaza.

El pueblo, mejor conectado

La conexión ha hecho más llevadera la vida de la aldea. Un chaval de Amieva puede jugar en línea con un amigo de Oviedo, sus padres cierran la noche con una película y ninguno de los tres necesita marcharse a la ciudad para eso. La fibra no arregla por sí sola la despoblación ni los males de la España vaciada, pero quita una de las razones que empujaban a hacer las maletas. Y en una comarca que pelea cada año por retener a su gente, eso ya cuenta.