martes 22/9/20
OPINIÓN

Socialdemocracia

Cómo tal la Socialdemocracia nació en 1896 tras expulsar al Movimiento Anarquista

 

La Socialdemocracia nació para defender los intereses de unas personas que por su debilidad económica, política y social se hallaban totalmente a merced de la clase que controlaba el capital y los medios de producción mientras que estas personas, el proletariado, tan sólo contaban con un activo: su trabajo personal.

Cómo tal la Socialdemocracia nació en 1896 tras expulsar al Movimiento Anarquista, lo que definió una forma de hacer: la defensa de los intereses de la clase obrera se haría utilizando los instrumentos que brindara el entonces naciente sistema democrático, es decir, en el Parlamento. Luego, la propia Socialdemocracia se fue moderando: en 1959 el SPD alemán renunció al ideario marxista.

Tomando como faro y referencia el Modelo Sueco, la Socialdemocracia, vinculada al movimiento sindical, desempeñó un papel crucial en la Europa –democrática– de los 50, 60 y parte de los 70, bien formando Gobiernos, bien marcando líneas de acción social que la Cristianodemocracia, su oponente político, nunca cuestionó. Claro que tenía todo a favor para que sus programas orientados al sostenimiento del modelo de protección social y a profundizar en la igualdad de rentas progresasen: la Guerra Fría en la que el mundo estaba inmerso, el crecimiento económico continuado que garantizaba el pleno empleo del factor trabajo y que este contribuía a acrecentar, la creciente apertura cultural que fue arrinconando concepciones morales del pasado,… En los 80 todo eso comenzó a cambiar.

De pronto la Socialdemocracia empezó a perder posiciones reales porque el eje que sustentaba todo su argumentario empezó a tambalearse: el factor trabajo empezó a ser menos necesario, cada día un poco menos. Paralelamente las grandes compañías abiertamente manifestaban sus deseos de pagar menos impuestos por los beneficios que obtenían a la vez que eran coreadas por las grandes –y no tan grandes– fortunas. Y como telón de fondo se fue inyectando en el cerebro de la ciudadanía la idea de que todos podían participar en El Mercado a través de su aportación al naciente capitalismo popular. Y todo ello en un entorno de retroceso de la fuerza sindical y progresivo entendimiento en la Guerra Fría.

El desarrollo de la película es conocido. Primero, como en tantas otras cosas, fue UK y el New Labour de Tony Blair. Luego la Agenda 2010 del socialista Gerhard Schroeder con todos sus recortes y sus minijobs.  Y hoy, con un nivel de desempleo y de subempleo en Europa, en USA, en Japón inimaginables en los años de gloria de la Socialdemocracia, socialdemócratas en el Gobierno como Manuel Valls y Matteo Renci dicen que la izquierda tiene que ser “pragmática, reformista y republicana” prescindiendo, si procediese, del nombre de ‘socialismo’, el primero; y que va a cambiar Italia con la ayuda de los empresarios a la vez que trasladaba a los sindicatos el mensaje de que las leyes se hacen en el Parlamento y que nada tiene que negociar con ellos, el segundo, mientras de trasfondo va tomando forma la aún idea de que el despido libre es posible.

¿Qué está sucediendo?, algo muy simple: ya no es necesario repartir / redistribuir nada porque los destinatarios –beneficiarios– de tal reparto cada vez son menos necesarios, de ahí que se pueda recortar el modelo de protección social, instaurar el despido libre o cambiar el nombre de un partido. A eso añadir que ya no hace falta mostrar ninguna imagen amable porque la vía es de una sola dirección y tiene un solo sentido. Y para acabarlo de redondear, que antes era conveniente que se creyese que el poder lo tenían muchos: el pueblo, y ya no hace ninguna falta que eso se continúe creyendo.

Tal vez tenga razón M. Valls y lo más acertado sería cambiar el nombre.

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/31/actualidad/1414790129_459349.htmlyhttp://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/10/actualidad/1415651792_077550.html

 

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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