martes 21/9/21

La argentina Diana Baggieri encuentra a sus parientes de Noreña, de cuya existencia no sabía

La argentina Diana Baggieri encuentra a sus parientes de Noreña tras varios días de búsqueda a partir de una cartilla expedida por el Consejo Superior de Emigración en septiembre de 1924

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Elisa Carriles y Diana Baggieri durante su encuentro.

Cuando Diana Baggieri cogió su mochila para recorrer la Ruta Vicentina por el suroeste de Portugal y el Camino Portugués de la Costa, nunca imaginó que el viaje se convertiría en la experiencia de su vida.

Esta argentina afincada en Barcelona desde hace dos décadas llegó a Vigo en julio, pero las ganas de seguir conociendo la costa del Cantábrico la hicieron cancelar el viaje de vuelta y seguir caminando. «Me fui a Ferrol, de ahí a Ribadeo y empecé el Camino de Santiago con la intención de llegar a Irún o acercarme todo lo que pudiera antes de tener que volver a casa», explica. Y bromea con su trayecto “al revés”. «Los caminos son de ida y vuelta, ¿no? Lo único que para volver no hay señales», apunta entre risas.

Diana solo sabía el nombre y el primer apellido de sus bisabuelos, Florentino Rodríguez y Jesusa Meana y que su abuela había emigrado junto a su hermano Juan, que era quien figuraba en la cartilla de emigración junto a sus hermanas Mercedes y Dolores

Estaba en Oviedo cuando su hermana, que vive en Argentina, le envió unas fotos de un documento del Consejo Superior de Emigración fechado en septiembre de 1924. «Me recordó que mi abuela paterna, Consuelo, era de Noreña y me preguntó que por qué no buscaba su partida de nacimiento, lo cierto es que falleció hace muchos años y no conservábamos información suya ni de la familia de aquí, con la que nunca habíamos tenido contacto, así que como estaba muy cerca decidí acercarme a ver qué conseguía», relata.

Sin embargo, hacer averiguaciones no fue sencillo. Diana solo sabía el nombre y el primer apellido de sus bisabuelos, Florentino Rodríguez y Jesusa Meana y que su abuela había emigrado junto a su hermano Juan, que era quien figuraba en la cartilla de emigración junto a sus hermanas Mercedes y Dolores. Consuelo rondaba la veintena cuando dejaron a su familia para irse a Buenos Aires.

El primer contratiempo fue en el Ayuntamiento. «Me dijeron que tenía que probar en el Juzgado de Paz porque esos documentos tan antiguos no los tienen digitalizados y tenía que esperar al día siguiente por la tarde, que era el día que estaba abierto». El trabajo de campo tampoco dio demasiados frutos. Preguntó a personas mayores de la villa condal y en establecimientos de hostelería, pero las dos únicas referencias que consiguió de un Meana resultaron referirse a un apodo y no a un apellido. «Estoy muy agradecida porque todos intentaron ayudarme», agradece.

Pasó esa primera noche en el Albergue de Peregrinos de la Casona de San Miguel, en La Pola, y al día siguiente el Juzgado de Paz le dio lo que buscaba, un acta de nacimiento de su abuela con una caligrafía de la época donde se atinaba a descifrar La Felguera y Celles.

Finalmente, las pesquisas dieron sus frutos. Diana descubrió que no todos los hermanos de su abuela habían emigrado y que en Noreña se habían quedado tres. El reencuentro con Elisa Carriles, “Lisina”, su tía segunda y que aún reside en la zona, fue uno de los momentos más emotivos y le sirvieron para conocer a la rama familiar asturiana a través de fotografías y relatos. Diana sigue ahora camino, con una familia y una historia que contar.

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