miércoles. 30.11.2022
El desfile por las calles de La Pola y la romería en La Sobatiella reunieron a miles de personas

Un Carmín «apoteósico»

Festejos apostó este año por colocar 17 estaciones de basura para facilitar la recogida de residuos

El Carmín

Desde primera hora de la mañana del lunes las calles de La Pola eran un continuo trasiego de niños, jóvenes y adultos preparando la Romería de Asturias, el día grande de las fiestas de Nuestra Señora del Carmen y El Carmín que se celebra con una multitudinaria merienda en los praos de La Sobatiella, en las inmediaciones del Mercado Nacional de Ganado.

«Hoy se recibe a mucha gente, hay que estar preparados, va  a ser apoteósico», comentaban entre risas Manuel y Silvia en la cola de una de las panaderías que durante la jornada vendieron miles de empanadas, bollos preñaos y barras de pan. Ambos hacían acopio de víveres para su grupo de amigos, mientras otros ponían a enfriar las cajas de sidra y montaban carpas para hacer más llevadera la tarde bajo el sol.

Se preveía que la jornada iba a registrar miles de personas y las cifras lo confirmaron. Uno de los detalles del éxito de la convocatoria fue que el pañuelo oficial de la Sociedad de Festejos se agotó. «Hay muchas ganas de fiesta», era la frase más repetida.

Y aunque la apertura de los praos estaba fijada para las cuatro de la tarde, fueron muchos los que desde por la mañana se arrimaron a las inmediaciones. En el casco urbano, entretanto, las terrazas lucían llenas a la espera del desfile, que partió de la plaza de Les Campes al compás de las charangas y con el cierre de Los Cascaos, que cumplieron 43 años en el Carmín.

Canciones y paradas mediante, el ascenso a La Sobatiella fue multitudinario y entre canción y canción se iban intercalando los culines de sidra. «Parece que este año queda más lejos el prau», se escuchaba. «A dos años de distancia», bromeaban los interlocutores.

Y es que el parón de la pandemia se dejó notar con una afluencia más moderada en zonas en las que otros años estaban a rebosar. Con todo, a la llegada al prau, las ganas de diversión primaron sobre todo lo demás. Mientras unos se reencontraban, otros aprovechaban para mostrar la fiesta a amigos llegados desde otras partes de España, incluso de fuera, como el grupo de Jaime Muñoz, al que se sumaron un leonés, una conquense y un irlandés. «Es una fiesta preciosa», aseguraron.

Para otros, era su primera vez. Una pandilla de adolescentes dibujaba y firmaba sus camisetas para dejar inmortalizado su primer Carmín “independientes”. Y bebés como Olivia, Daniela o Clara acompañaron a sus familias para continuar la tradición.

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Por otro lado, en esta edición, la Sociedad de Festejos que preside Lucía Noval se marcó como objetivo lograr unas fiestas más seguras y más limpias. Y para ello, además de la creación de pasillos de seguridad para facilitar el acceso en caso de emergencia, instalaron 17 estaciones de basura, una decena de contenedores móviles y tres de obra.

También se puso a disposición de los asistentes bolsas de basura y recipientes para la recogida de las botellas de sidra vacía, con el objetivo de reducir accidentes y cortes, la incidencia más repetida en los últimos años y uno de los motivos de visita más frecuentes al hospital de campaña. «Queremos conseguir un Carmín más sostenible; apostamos por una romería más limpia, más segura y para todos los públicos», comentó Noval. Al cierre de esta edición, la romería vivía su momento álgido. «Que no sea por no haberlo intentado», añadió.

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Un Carmín «apoteósico»
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