Club Tai-jitsu Llanera: ¿Cómo es posible ser el rey?

Un repaso por los inicios del exitoso club de artes marciales llanerense
Componentes del equipo de Tai-jitsu de Llanera
photo_camera Componentes del equipo de Tai-jitsu de Llanera

En Llanera se habla mucho de artes marciales, pero en los últimos tiempos hay un nombre que aparece una y otra vez: Club Tai-Jitsu Llanera. Entre campeonatos, cursos y nuevas iniciativas, el club ha pasado de ser una entidad pequeña a convertirse en un referente que suena dentro y fuera de Asturias.

Quien siga la prensa local o tenga cerca a alguien que entrene, habrá visto titulares sobre sus resultados. Y no es casualidad: el crecimiento deportivo ha ido de la mano de una reorganización interna, más horas de tatami y una apuesta clara por la formación.

Para entender cómo se ha llegado hasta aquí conviene ordenar la historia por etapas, desde el momento más complicado hasta el salto internacional más reciente.

París y el bilateral Francia-España de Tai-Jitsu

Desde el pasado domingo, el Club Tai-Jitsu Llanera figura como uno de los dos mejores a nivel internacional. El motivo fue su papel en el I Campeonato bilateral Francia-España, celebrado el pasado fin de semana en París, una cita con mucho simbolismo: Francia es la cuna del Tai-Jitsu y de sus derivados, además de ser el país natal del maestro Roland Hernaez.

El evento reunió a los mejores taijitsukas de ambos países y se compitió en todas las modalidades y categorías: Kata individual, Kata por parejas, Expresión técnica, Randori, Goshin Shobu y Kumite. El público asistente pudo ver técnicas muy variadas ejecutadas con una precisión, una fuerza y una velocidad poco habituales, en duelos con intensidad y orgullo, pero también con respeto entre rivales.

En ese contexto tan exigente, el club asturiano firmó una actuación sobresaliente: 36 medallas (10 de oro, 8 de plata y 18 de bronce). Esas cifras representan casi una quinta parte de las medallas españolas y prácticamente tres de cada cuatro medallas asturianas.

Con ese resultado sobre la mesa surge la pregunta lógica: ¿cómo llega un club que hace pocos años apenas superaba los 10 alumnos a competir a este nivel? Para responder, toca retroceder en el tiempo y seguir el hilo de las decisiones que cambiaron la trayectoria.

De 2019 a la pandemia: el momento más delicado

El punto de partida está en octubre de 2019, antes del coronavirus. En ese momento el club atravesaba su etapa más baja y arrancaba la temporada con poco más de diez alumnos, una cifra que dejaba el futuro en el aire.

La llegada de la pandemia empeoró aún más el escenario y puso seriamente en riesgo la continuidad del proyecto. Con poca masa social y muchas limitaciones, el margen de maniobra era pequeño y cualquier paso contaba.

Ese contexto explica por qué los cambios posteriores, aunque al principio parecieran modestos, tuvieron un impacto real. A partir de ahí se empezó a trabajar para recuperar presencia, actividad y confianza dentro y fuera del tatami.

El objetivo inmediato era sencillo: evitar que el club se apagara. El siguiente, ya con algo de oxígeno, sería mucho más ambicioso y llegaría en la temporada posterior.

Decisiones 2020-2022 para cambiar la inercia

En las temporadas 2020-2021 y 2021-2022, el presidente del club, Javier Peláez González, puso en marcha una serie de decisiones de poco calado, pero efectivas para cambiar la dinámica. Entre ellas, el regreso a la competición nacional con el envío de competidores a los Campeonatos de España de Nihon Tai-Jitsu.

En paralelo, se activó la búsqueda de nuevos patrocinadores, se adquirieron equipaciones y se organizaron exhibiciones en la calle. Estas acciones, por simples que parecieran, ayudaron a reflotar el club, aumentando el número de taijitsukas y mejorando su visibilidad en la vida social del concejo.

Aun así, se trataba más de recuperar terreno que de dar el salto definitivo. Para subir un escalón de verdad hacía falta una transformación más profunda, tanto en organización como en el apartado técnico.

Los resultados globales todavía no satisfacían lo que se buscaba. Se quería “más” y ”más de todo”: mejor nivel técnico de los alumnos, más estructura y más presencia. Y para lograrlo, llegó la revolución.

La revolución: estructura, equipo técnico y más entrenos

El cambio se planteó como una reforma de fondo. La primera pieza fue crear una estructura sólida mediante una junta directiva amplia y con funciones bien definidas, algo clave en una entidad donde ninguno de sus miembros se dedica profesionalmente al Nihon Tai-Jitsu.

El siguiente paso se dio sobre el tatami. De contar con un único entrenador se pasó a un equipo de tres y, más adelante, a los cinco actuales. A la vez, también aumentó la carga de entrenamiento: de dos clases semanales de una hora se evolucionó a tres sesiones de una hora y cuarto, con opción de ampliar en periodos clave como exámenes de grado, campeonatos o cursos.

Hubo además una decisión determinante para poder crecer: el cambio de dojo. El espacio anterior, limitado en superficie y en horarios, frenaba el desarrollo y no permitía una preparación acorde a los objetivos.

La colaboración del Ayuntamiento de Llanera facilitó la llegada a un nuevo dojo, abriendo una etapa diferente. Con ese conjunto de medidas, el club dio un salto cualitativo y se colocó en la vanguardia del Nihon Tai-Jitsu nacional, lo que permitió activar una segunda fase de mejoras.

Segunda fase: cursos y apertura a otras disciplinas

Con la base ya asentada, la prioridad pasó a ser la mejora técnica continua. Profesores y alumnos veteranos empezaron a desplazarse a cursos en otras comunidades para incorporar nuevos conocimientos, una dinámica que con el tiempo se extendió y funcionó tan bien que hoy acuden la mayoría de los alumnos.

Además, esa formación no se limitó al Nihon Tai-Jitsu. Los cursos podían ser de cualquier arte marcial que complementara y mejorara las habilidades del grupo, reforzando una idea clara: el aprendizaje se construye sumando herramientas útiles.

Con esa mentalidad, el paso siguiente fue organizar en casa los mejores cursos posibles. Así, el club fue capaz de traer a Llanera a Jan Janssens y a Edgar Kruyning, siendo este último uno de los artistas marciales más reconocidos de Europa. El mensaje era directo: el camino principal es el Tai-Jitsu, pero no el único.

En la actualidad también hay participación en cursos de Kobudo impartidos por Andrés López y Pablo Fernández, además de la organización de clases de Brazilian Jiu-Jitsu con Sara Rada. A eso se suman seminarios dirigidos por la medallista europea de judo Estrella López Sheriff y formaciones internas que aprovechan la experiencia en karate y judo de alumnos del propio club.

Plan de Igualdad y #más Guerreras

Con el objetivo inicial ya cumplido, el club abrió un frente más ambicioso, esta vez fuera del marcador. El pasado 21 de noviembre se presentó oficialmente su Plan de Igualdad, pionero en un club de su tamaño y pensado para reforzar la igualdad en el tatami y también fuera de él.

Este plan forma parte de #más Guerreras, un proyecto que muestra referentes femeninos como estímulo para niñas y niños. En ese marco, Audrey Kruyning, Estrella López y Sara Rada ya son embajadoras del club.

Visto en perspectiva, la cronología ayuda a entender el éxito: decisiones pequeñas para sobrevivir, una reforma profunda para crecer y una apuesta constante por el aprendizaje para competir al máximo nivel. Aun así, señalar un único motivo siempre es difícil, porque no hay respuestas simples ni verdades absolutas.

Quizá la explicación más clara aparece cuando alguien llega por primera vez, empieza a entrenar y suelta, sin darle muchas vueltas: "Es que son una familia."