Jésica González: «Nos gustaría recuperar la tradición del desfile de carrozas para la fiesta»
«Los que somos de Arlós llevamos muy a gala ser del pueblo. No sé por qué, hay nombres de pueblos que no se nombran en ningún lado. Aquí hay Excavaciones Arlós, Construcciones Arlós, Caminos de Arlós. Los que son de aquí o tienen raíces con el pueblo, montan una empresa y le ponen la coletilla. El sentimiento de pertenencia es enorme».
Jésica González tiene una sonrisa infinita que se acrecienta cuando habla de su pueblo. Su abuela materna, Conchita, era de Lavares, de Ca Fele: «Yo nací en La Miranda, pero, a los dos años, nos fuimos a vivir con mis abuelos maternos al pueblo. Allí nació mi hermana. Vivimos allí hasta que hice la comunión, en la iglesia de Arlós; después, nos vinimos a vivir a Posada, aunque, como mis abuelos se quedaron allí, seguíamos yendo los fines de semana. De ahí mi arraigo al pueblo».
Esta etapa formando parte de la directiva de la Sociedad de Festejos de Santiago de Arlós, no es nueva para ella ya que «con 15 años ya me metí en la directiva. La verdad es que, en aquel momento, lo hice para que me dejaran salir un poco más».La experiencia duró hasta los 20. Los estudios, el matrimonio, dos hijos y unos cuantos años después, tras la pandemia, decide volver «porque nadie quería cogerlo». Hoy, su la junta directiva la forman 11 personas, en una Sociedad en la que hay más de 400 personas dadas de alta como socios: «Seguimos con el modelo de las fiestas que se hacían hace 20 años. No queremos grandes orquestas. Seguimos trabajando la barra de las fiestas: antes se hacía parrillada y ahora hacemos cachopada. Nos gusta ver el prao lleno, pero queremos seguir manteniendo el espíritu de antes, la fiesta de la gente, sin grandes espectáculos».
Arlós tira de su gente, engancha.
Muchos de los socios ya no viven en el pueblo, pero pagar la cuota de la Sociedad es cordón umbilical para nunca irse del todo: «Los que estamos aquí lo hacemos por un interés emocional. Aquel grupo de amigos de los 15 años crecimos, hicimos nuestra vida y nos veíamos de Pascuas a Ramos. Mi motivación para volver fue volver a juntarme con los de siempre, porque antes no encontraba la excusa para dejar a mis hijos con los abuelos y salir de fiesta con mis amigos, y ahora dejo a los hijos con los abuelos para ir a trabajar por las fiestas del pueblo. Y no sólo trabajamos, claro, también nos echamos unas risas, nos tomamos unas sidras, bailamos detrás de la barra...».
Ahora son más y con un rango de edad más heterogénea, lo que hace que se cubran mejor las necesidades y los sacrificios de organizar una fiesta de cuatro días: «los jóvenes quieren hacer solo la noche y dormir por el día, los que ya tenemos una mediana edad preferimos trabajar por el día y dormir la noche. Luego, está Pepín del Monte, el más veterano, con 70 años que nos da el relevo a las 6 o 7 de la mañana para que podamos ir a dormir y, además, es el que limpia el prao».
Por primera vez en casi 50 años –los cumplirá en 2026–, la Sociedad tiene una mujer de presidenta, Luisa, de Casa La Mota. Igual, aprovechando el aniversario, vuelven las carrozas al pueblo: «es difícil, porque dan mucho trabajo y hay que hacer unas cuantas para que luzca. Pero me gustaría lograr recuperar la tradición».