La imagen se ha repetido tantas veces en los praos de El Molín, en Posada de LLanera, que ya es familiar: decenas de niños recorren un círculo imaginario guiando cabras con la misma concentración con la que hace apenas unos meses manejaban terneras. La actividad de los Pequemanejadores, convertida ya en uno de los grandes atractivos de la feria ganadera de Llanera, vuelve a reunir este año a cerca de 24 participantes de entre 3 y 11 años. La única diferencia es el animal protagonista. Las restricciones derivadas de la dermatosis nodular contagiosa del ganado vacuno han obligado a sustituir las terneras por cabras y las vacas por caballos, pero el espíritu de la iniciativa permanece intacto.
El concejal de Ganadería, David del Pozo, explica que la adaptación era la única alternativa para que los más pequeños no perdieran una actividad que ya forma parte del calendario ferial. «Tuvimos que hacerlo también en el desfile de San Isidro y ahora continuamos con cabras porque las restricciones siguen vigentes. Lo importante era que los niños pudieran seguir aprendiendo y disfrutando del contacto con los animales», señala.
Los entrenamientos comenzaron hace una semana y se desarrollan cada tarde, de lunes a viernes, durante dos horas. Un equipo de monitores formado por Claudia, Paula, Sandra y Daniel acompaña a los pequeños mientras aprenden a conducir a los animales –o a perfeccionar su estilo– por el prao. La exhibición, organizada por grupos de edad, tendrá también un papel estelar en el Concurso de Ganado Equino que se celebrará la próxima semana, como lo tuvo en la pasada Feria de San Isidro.
Aunque buena parte de los participantes repiten experiencia, la actividad también incorpora caras nuevas. «Ha habido un relevo generacional importante. Tenemos varios niños de tres y cuatro años que empiezan ahora y otros tres o cuatro que se han sumado este verano», destaca Del Pozo. Para muchos de ellos supone además un primer acercamiento al mundo rural. «Muchos viven en pisos y aquí tienen la oportunidad de estar en contacto con los animales y con el campo. Es una forma de acercarles esa realidad desde pequeños», añade.
Alberto Suárez Fernández debuta manejando cabras aunque ya es veterano pequemanejador de xatos. Tiene ocho años —cumple nueve justo al día siguiente de la entrevista— y decidió apuntarse después de ver las actividades de San Isidro. En casa convive con el ganado y reconoce que prefiere las vacas porque «las tenemos en casa y mi abuelo tiene ovejas». Aun así, admite que las cabras también tienen su encanto, aunque «a veces son más necias» y cada una tiene un carácter distinto.
Paula Lobo, vecina de Posada de Llanera, ya acumula tres ediciones como pequemanejadora. Tras haber trabajado con xatinos y cabritos, reconoce que cada animal exige una técnica diferente. «Los xatinos caminan más solos; con las cabras hay que esforzarse un poco más, aunque la que tengo ahora va muy bien», comenta.
El director técnico de la feria, Eliseo López, considera que el éxito de la actividad demuestra que la apuesta fue acertada. «Lo más gratificante que se ha hecho en los eventos ganaderos de Llanera fue inventar los Pequemanejadores», afirma. Recuerda que comenzaron con apenas una decena de participantes y que este año ha sido necesario buscar más cabras para atender todas las inscripciones. «Si algo funciona, se nota en la capacidad de convocatoria. Algunos de aquellos niños ya son hoy monitores», destaca.
López no descarta que, cuando desaparezcan las restricciones sanitarias, regresen las terneras, aunque cree que las cabras han llegado para quedarse entre los más pequeños. «Para los niños de menos edad son más seguras, más manejables y permiten aprender con menos riesgos. Puede que hayan encontrado su sitio definitivo en Llanera», concluye.