La dimisión de Ana González como primera teniente de alcalde y portavoz del Ayuntamiento de Noreña, noticia adelantada en exclusiva por EL FIELATO Y EL NORA, sorprendió por producirse sin una explicación oficial por parte del equipo de gobierno. Un día después de que saltara la noticia, es la propia concejala quien rompe su silencio para explicar una decisión que, insiste, no responde únicamente al conflicto surgido por la peatonalización experimental del centro, sino a una acumulación de discrepancias que acabaron por desgastar la confianza construida durante once años de trabajo junto a la alcaldesa, Amparo Antuña.
González seguirá siendo concejala y, por el momento, mantiene las delegaciones que tenía encomendadas. Sin embargo, asegura que el mismo día en que presentó su renuncia puso todas esas competencias a disposición de la alcaldesa y que, a día de hoy, sigue sin saber si continuará al frente de ellas. «No he recibido ninguna respuesta», resume.
«ESPERABA UNA RESPUESTA Y SÓLO ENCONTRÉ SILENCIO»
La edil sitúa el detonante de la crisis en la reunión celebrada el pasado lunes con Amparo Antuña, que interrumpió sus vacaciones —«muy merecidas», subraya González— para abordar las discrepancias surgidas tras la puesta en marcha del cierre experimental al tráfico de varias calles del centro de la villa. La entonces alcaldesa en funciones acudió al encuentro convencida de que, una vez analizada la documentación y escuchadas todas las partes, la regidora fijaría una posición sobre cómo afrontar la situación. Pero esa respuesta nunca llegó.
«Esperé toda la mañana porque entendía que necesitaba leer el expediente, hablar con quien considerara oportuno y valorar lo ocurrido. No esperaba que me diera la razón ni que me la quitara; esperaba que me dijera cómo veía la situación. Lo único que se me pidió fue firmar la convocatoria del Pleno. Le pregunté si no había nada más que tratar y, cuando me dijo que no, entendí que no podía seguir siendo primera teniente de alcalde. Yo necesitaba una respuesta para seguir trabajando y esa respuesta nunca llegó».
Para González, el problema no fue una decisión concreta, sino la ausencia de diálogo.
«Lo que prima en cualquier equipo es hablar las cosas, debatirlas y poner encima de la mesa todos los puntos de vista. Cuando quien tienes enfrente responde con silencio es muy difícil seguir trabajando. No sabes qué está pensando, si estás molestando, si te estás extralimitando o si simplemente ya no cuenta contigo. Después de once años trabajando juntas, esa incertidumbre fue la que me llevó a tomar la decisión».
Hay un momento de la conversación que resume mejor que ningún otro cómo vivió aquellos días.
—¿Te sentiste sola?
«No».
—¿Traicionada?
«Sí».
La respuesta es breve, pero contundente. Aunque evita profundizar en esa afirmación y rechaza cargar personalmente contra la alcaldesa, admite que nunca imaginó verse obligada a tomar una decisión así con Amparo Antuña al frente del Ayuntamiento. «Ha sido doloroso. Nunca pensé que tendría que llegar a este punto. Pero tampoco quiero convertirme en un elemento de discordia dentro del equipo de gobierno».
LA PEATONALIZACIÓN, LA GOTA QUE COLMÓ EL VASO
El episodio que terminó desencadenando la crisis fue la implantación de un cierre experimental al tráfico durante los fines de semana en las calles Regino Escalera, Pío XII, Plaza de la Cruz, Constitución, Socarrera y Doctor Cuesta Olay, una iniciativa que pretendía ganar espacio para peatones, favorecer la convivencia vecinal y dinamizar la actividad comercial y hostelera.
González rechaza que la propuesta naciera de una ocurrencia improvisada. Recuerda que el proyecto se apoyaba en el Plan Municipal de Movilidad y Seguridad Vial, encargado en 2019 por el entonces concejal Pelayo Suárez y concluido en 2020. «Ese plan hablaba de mejorar la calidad de vida, fomentar los desplazamientos a pie, reducir la contaminación, aumentar la seguridad vial, recuperar espacios para las familias y potenciar el comercio. Si un Ayuntamiento encarga un estudio de estas características es para analizarlo y aplicarlo cuando sea posible. Si no, no tiene sentido hacerlo».
La concejala sostiene que el proyecto fue debatido previamente dentro del equipo de gobierno y conocido por la alcaldesa antes de iniciar sus vacaciones. También reconoce que existían opiniones distintas, algo que considera «normal e incluso positivo». «Las discrepancias son buenas porque te permiten detectar errores antes de tomar una decisión. Lo que no comparto es que no se hablen las cosas o que se actúe por detrás. Yo siempre he entendido que los equipos funcionan debatiendo, aunque al final quien tenga que decidir sea la alcaldesa».
A su juicio, el principal problema fue que la prueba piloto nunca llegó a ejecutarse tal y como estaba prevista. «Falló la comunicación con los vecinos, con los residentes, con los comerciantes y con la hostelería. No se tramitaron las autorizaciones previstas para los vados, hubo deficiencias en la señalización y muchas medidas no se adoptaron a tiempo. Así era imposible valorar realmente si el proyecto podía funcionar».
Pese a la polémica, mantiene intacta su convicción. «Lo volvería a hacer. Estoy convencida de que es bueno para Noreña. Todas las peatonalizaciones importantes generaron críticas cuando comenzaron. Pasó en Oviedo y en muchas ciudades. Lo cómodo para un político es no cambiar nada, pero así no avanza una sociedad». El el pleno del mes de julio, la nueva alcaldesa enfunciones de Noreña, Pilar Cuesta, anunció que el proyecto de peatonalización de alguna de las calles de Noreña ha sido anulado.
UNA DECISIÓN PENDIENTE QUE MANTIENE LA CRISIS ABIERTA
La dimisión no supone, al menos por ahora, la salida de Ana González del gobierno municipal. La concejala explica que el mismo día en que renunció a la Primera Tenencia de Alcaldía y a la Portavocía puso también todas sus áreas de gestión a disposición de Amparo Antuña para que decidiera si seguía confiando en ella. Esa decisión, sin embargo, todavía no ha llegado.
«Me parecía lo coherente. Si dejaba de ser la número dos del Ayuntamiento, era la alcaldesa quien tenía que decidir si seguía al frente de mis concejalías. Han pasado varios días y sigo sin saber si el lunes continuaré con esas responsabilidades. No he recibido ninguna respuesta».
González insiste en que esperará al regreso de la regidora antes de volver a plantear la cuestión. Dice respetar sus vacaciones y confía en mantener una conversación antes de iniciar su propio periodo de descanso. Mientras tanto, seguirá ejerciendo como concejala.
«Quiero seguir trabajando por Noreña. Me gustan mis concejalías y disfruto con ellas. Lo único que quiero es saber cuál es mi situación. Las cosas hay que hablarlas. Siempre lo hice así y así seguiré haciéndolo». La decisión queda ahora en manos de la alcaldesa. Resolver si mantiene a Ana González al frente de sus áreas de gestión o si reorganiza el gobierno municipal será el siguiente capítulo de una crisis política que comenzó con un debate sobre movilidad urbana, pero que ha terminado evidenciando un problema mucho más profundo: la ruptura de la confianza entre las dos principales responsables del Ayuntamiento de Noreña a menos de un año de las elecciones municipales.
