La teniente de alcalde de Noreña, Ana González, denuncia «intromisiones en su vida personal»
Hace algo más de un mes, las concejales del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Noreña convocaban una rueda de prensa en la sala de plenos del consistorio. Pocas horas antes, Patricia Redondo, concejala de medio ambiente, seguridad ciudadana y deporte del Ayuntamiento de la villa denunciaba que, en el pasillo que daba acceso a su vivienda habían aparecido unas pintadas con una leyenda que la advertía de que «cuidara sus espaldas», una diana, el coche familiar atacado con huevos y otras amenazas que no llegaron a trascender ya que las pruebas están judicializadas.
El equipo de gobierno hizo piña, salió a denunciar los hechos y todo lo que llevaban sufriendo desde que accedieron al gobierno (rayonazos o pinchazos en las ruedas de sus vehículos particulares) y advirtieron que no iban a dejar de denunciar públicamente cualquier acción de este tipo que alguna de ellas siguiera sufriendo: ea había terminado la época de callar.
Hoy ha sido el turno de la teniente de alcalde, y alcaldesa en funciones, Ana González Colunga. A través de un video difundido por ella misma, cuenta el último episodio de acoso que ha sufrido en sus propias carnes: «A los episodios ya conocidos que venimos sufriendo los concejales de IPÑ desde el año 2015, hay que añadir ahora que, en los últimos tiempo hay gente de Noreña que se dedica a grabarme cuando, en mis ratos de ocio, salgo a cenar o voy a cualquier lugar a tomar algo con mi familia o mis amigos, como un ciudadano cualquiera. No sólo se limitan a espiarme y grabarme sino que, después, de madrugada, llaman a mi teléfono móvil. La última de estas llamadas podemos decir que transcurrió en unos términos amenazantes».
Ana González advierte que« si sigo recibiendo este tipo de llamada, lo siguiente que haré será ponerlo en conocimiento de las autoridades. No voy a admitir que nadie nos insulte, nos intente intimidar y que intente manipular nuestra vida personal. Mi teléfono está siempre disponible para cualquier vecino de Noreña pero núnca para aguantar amenazas ni coacciones».