Hay edificios que cuentan la historia de un pueblo casi sin necesidad de hablar. Subir a la Torre del Reloj de Noreña obliga a hacerlo despacio. La escalera es estrecha y empinada, de madera, un toque más moderno en las entrañas de un edificio levantado entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII sobre el alto de El Rebollín, en la Villa. Fue torre del reloj, cárcel y punto de referencia para los vecinos ya que, durante más de tres siglos, marcó las horas de Noreña. Hoy es también la sede permanente del Museo de los Zapateros, una exposición que explica cómo un concejo de apenas cinco kilómetros cuadrados llegó a convertirse en uno de los grandes centros artesanales del calzado en Asturias.
Ana Martínez, auxiliar de información turística FACC en la Oficina de Turismo de Noreña, es la persona que nos acompaña en el recorrido y, durante el verano, al gran número de visitantes que quieren conocer el edificio, «una visita con mucho tirón», asegura. La exposición, aclara, no es temporal. «Yo realizo las visitas guiadas durante estos meses, pero el museo es permanente. Fuera del verano también puede visitarse solicitándolo en el Ayuntamiento», explica.
UN OFICIO QUE MARCÓ LA ECONOMÍA DEL CONCEJO
El recorrido comienza con los orígenes del oficio zapatero. Los primeros documentos sitúan esta actividad en Noreña en el siglo XVI y ya a mediados del XVIII había unas 250 personas dedicadas a fabricar calzado. La producción alcanzó su momento de mayor esplendor en 1903, cuando salían de los talleres noreñenses alrededor de 3.000 pares de zapatos cada semana. La Guerra Civil marcaría el inicio del declive de una actividad que durante generaciones fue el principal motor económico del concejo.
La exposición es fruto del trabajo de recopilación realizado por Fernanda Valdés, conocida en la localidad como Cheni, y de la colaboración de las familias de aquellos artesanos. «Todo lo que se expone aquí procede de los descendientes de los zapateros. Las herramientas, los documentos y las fotografías fueron donados por las familias y todo el contenido de la exposición nace de ese trabajo de recuperación», señala Martínez. La siguiente planta reproduce el ambiente de un taller tradicional. En el centro se encuentra el mesu, la mesa donde los zapateros desarrollaban buena parte de su trabajo. Sobre ella descansan hormas de madera, cuchillas, martillos, leznas, tenazas y otras herramientas originales que permiten comprender cómo se fabricaba un zapato de forma completamente artesanal.
El museo también recuerda que aquel no era un oficio individual. Toda la familia participaba en el proceso. «Los hombres realizaban los patrones y el trabajo principal del taller, mientras que las mujeres cosían y también se encargaban de vender los zapatos en mercados de Asturias e incluso fuera de la región. Los hijos mayores eran los oficiales y los pequeños comenzaban como aprendices», explica la guía.
Entre las piezas que llaman la atención del visitante figuran varias vitrinas con cartas comerciales, facturas y documentos originales que evidencian la intensa actividad que generó esta industria. Son testimonios de una época en la que los zapatos fabricados en Noreña viajaban mucho más lejos de lo que permitía imaginar el tamaño del municipio.
EL RELOJ QUE SIGUE MARCANDO LA HISTORIA (AUNQUE NO FUNCIONE)
El recorrido culmina en la parte superior de la torre, donde se conserva el mecanismo del reloj. Sus engranajes, ruedas dentadas y tambores permanecen prácticamente intactos. Durante décadas el reloj funcionó gracias al mantenimiento de José Fernández Iglesias y, posteriormente, de su hijo Víctor, que acudía periódicamente a darle cuerda y mantenerlo en funcionamiento.
«Venía cada semana, subía las pesas, ponía el reloj en hora y sustituía las piezas que se iban desgastando», recuerda Martínez. Cuando el mecanismo estaba activo, las campanas sonaban a las horas y a las medias, marcando el ritmo cotidiano de la villa.
UN LEGADO QUE SIGUE VIVO
La Torre del Reloj es hoy uno de los principales referentes patrimoniales de Noreña y una parada obligada para quienes quieren conocer la historia del concejo más allá de su tradición chacinera. El edificio alberga el Museo de los Zapateros, un espacio que recorre la evolución de un oficio que durante siglos fue el principal motor económico de la villa y que dejó una profunda huella en su identidad.
Herramientas originales, hormas, documentos comerciales, fotografías y objetos donados por los descendientes de aquellos artesanos permiten reconstruir cómo eran los talleres familiares, cómo se organizaba el trabajo y cómo el calzado fabricado en Noreña llegó a traspasar las fronteras de Asturias. Todo ese patrimonio ha encontrado en la torre el lugar idóneo para conservar la memoria de un oficio desaparecido, pero fundamental para comprender la historia del concejo y de varias generaciones de vecinos que hicieron del cuero y del trabajo artesanal su forma de vida.