jueves. 11.08.2022

Hay quien cree que la cultura es eso que nos queda después de haber olvidado lo que aprendimos. Y hay gente que cree que cualquier innovación en el orden de las cosas supone una claudicación. Para las fiestas riosellanas ya sería un éxito el término medio.
Ribadesella dispone de dos fiestas locales: Carnaval y S. Juan. A la primera, que se mantiene en la fecha del calendario, le conviene que se vuelque la sociedad político-comercial porque de lo contrario sucumbirá al empobrecimiento, habida cuenta de que todo el entorno oriental celebra los carnavales en fechas de más próspera certidumbre.
No obstante tenemos en Ribadesella tres fechas estratégicamente colocadas y a las que debemos sacar el rendimiento adecuado para que además de lo puramente festivo, sea la fiesta un vínculo de atracción de nuestro patrimonio cultural y turístico.
A principios de julio: Guía, que los marineros organizan, y que de un tiempo a esta parte va recobrando su afamado tono de décadas pasadas. En septiembre las fiestas de El Cobayu, S. Miguel, de profundo arraigo al barrio más populoso de Ribadesella y que desde 1968 se vienen celebrando. Y es el mes por antonomasia de lo festivo, agosto, donde Ribadesella presenta un cartel que va desde las Las Piraguas, (que como todos los riosellanos saben, merecen un capítulo especial) a Sta. Marina, cuajado de altibajos.
Esta fiesta se viene celebrando en Ribadesella al menos desde 1896. Pero ya en 1770 el regente Caso de Briones nos viene a hablar de nuestras fiestas locales. Sabemos que S. Roque (desaparecida) fue hasta 1864 la más costosa; Nuestra Señora del Rosario, su sustituta, era la de mayor fervor popular. Y desaparecida ésta, fue Sta. Marina quien hasta la fecha sigue en la conciencia riosellana como nuestra fiesta: porque no era una fiesta pseudo-localista adscrita a un barrio determinado y sí al arenal que lleva su nombre, porque tampoco fue de un sentido gremial o dirigida a un grupo concreto y porque nunca participó de un sentido exclusivamente religioso. Por todo ello los riosellanos la mantuvieron en sus conciencias, como la fiesta local por antonomasia, en todos los programas festivos año tras año.  No vendría mal potenciar esta fiesta y recuperar su entorno en el arenal y de esa manera desde el final del Paseo de la Grúa,  de ubicación exitosa según vimos, pasando por el muelle, el Cobayu, el prau de S. Juan acabáramos en La Playa algo que se nos está olvidando.

Santa Marina
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