Hablar con Marian Pumarada Arranz es acabar contagiada de esa maravillosa ilusión con la que ella siente ese universo propio que ha construido a golpe de pincel, imaginación y empeño. Una emoción que la acompaña de principio a fin de nuestro encuentro, y que culmina con una verdad que yo también comparto: «La fantasía es necesaria especialmente cuando eres adulto, no hay que renunciar a ella». Y eso es, precisamente, lo que ella crea en esas caracterizaciones que comparte en redes sociales bajo el nombre de @mariansweetart con una única finalidad: «Disfrutar». Algo que volverá a hacer hoy desfilando en el Carnaval de Cangas de Onís con una propuesta íntegramente hecha por ella —«lo único que no he confeccionado yo son la camiseta y las mallas que llevo debajo de toda la armadura y el maquillaje»—.
«Yo disfruto de todo: de pensar qué voy a hacer, de organizar el maquillaje, de maquillarme y de preparar después el vídeo», dice con una enorme y dulce sonrisa, «estoy muy agradecida a toda la gente que me sigue pero, si comparto las cosas que hago en redes sociales, lo hago fundamentalmente para mí misma». Y no son pocos: sumando las tres redes en las que está presente, el "alter ego" de Marian tiene más de 12.000 seguidores. Un número que ni ella conocía y que le sorprende cuando, durante nuestro encuentro, revisa una por una los fans.
Una enamorada del Carnaval
La historia de amor de esta vecina de Arriondas con el maquillaje de caracterización empezó hace 20 años y está íntimamente ligada a uno de los momentos más especiales del año para ella: el Carnaval. «Nos disfrazamos de zombies un poco peculiares y de aquella, que no había tanta información como ahora, me "picó el gusanillo" de saber cómo se hacían determinadas cosas, como las heridas o la sangre», me cuenta. A pesar de que, de aquella, Internet no ofrecía todo lo que ofrece ahora; Marian decidió formarse haciendo cursos y experimentar para superarse a sí misma.
El punto de inflexión fue durante la pandemia: un tiempo que Marian aprovechó para comenzar a compartir sus maquillajes en redes sociales y que supuso, quizás, el último empujón que necesitaba para convertir su hobby en pasión. «Una chica que se dedica al maquillaje de caracterización hizo un concurso y lo gané», contaba emocionada, «el premio eran cantidad de productos, la mejora manera de experimentar».
El tema de los materiales que utiliza para sus caracterizaciones es otra pregunta inevitable, ya que hablamos de productos que suponen un desembolso grande de dinero. «Yo los pido para los cumpleaños, para Reyes...», me dice sonriendo, «y también uso los premios que gano en los Carnavales a los que me presento para volver a invertir en pelucas, maquillaje o pinceles». Como buena amante del Carnaval, ella misma elabora sus propios disfraces y no tira nada. «Bendita mi madre, que tengo en su casa la que era mi habitación llena de cajas con todos los disfraces y otro espacio más que uso para guardarlos», me cuenta riéndose.
La monetización de su hobby, algo que no le preocupa
Teniendo en cuenta la espectacularidad de sus caracterizaciones, resulta inevitable preguntarle si no se ha planteado convertir su hobby en una fuente de ingresos. «Ten en cuenta que un maquillaje de este tipo son muchas horas de trabajo, hablamos de mínimo cuatro; y no hay tanta gente dispuesta a pagar por ello», cuenta sin preocupación, «además yo ya tengo mi trabajo y solo podría hacer maquillajes en las dos horas que tengo para comer».
Sin embargo, Marian sí tiene una clienta fiel que acude a ella cada Halloween religiosamente para ponerse en sus manos. «Ella se fía de mí y sabe que solo tenemos dos horas», me cuenta, «disfruta muchísimo de estas cosas, como yo, y a mí me hace mucha ilusión que cada año elija que yo la maquille».
Las redes sociales, una forma de compartir su disfrute
Marian ha sabido rebelarse contra la tiranía de las redes, que imponen publicaciones regulares como parte del éxito. «Yo solo puedo hacer estas cosas los martes, que es el día que descanso, y para hacerlas tengo que montar todo el set en el salón de mi casa», asegura, «intenté durante un tiempo publicar todas las semanas, pero me di cuenta de que así no disfrutaba... y el único objetivo de esto es ese».
De la misma manera que con el paso del tiempo ha ido profesionalizando sus maquillajes, ha hecho lo mismo con los vídeos. «Pequeños retos» que ella se va marcando para mejorar cada vez más lo que comparte y que están en esa lista de pendientes en la que organiza ideas, melodías, audios que le interesan o cosas que quiere explorar. Algo que no ha pasado desapercibido para algunas marcas «sobre todo de lentillas» que le envían producto para que pruebe y un código de descuento para sus seguidores.
Cuando me despido de ella, comparte con una sonrisa que ya siente ese nervio del día previo a ese gran momento que supone ponerse manos a la obra para transformarse por completo. Y, viéndola, es imposible no compartir esa emoción que sienten quienes viven el Carnaval con intensidad y con una sola premisa: disfrutarlo.