«La escuela pública es uno de los mayores logros de nuestra sociedad, porque abre las puertas al conocimiento, fomenta la igualdad de oportunidades y ayuda a formar personas comprometidas con su entorno», expresó con emoción Susana Álvarez, directora del Colegio Público L’Ablanu de Infiesto, durante el acto central conmemorativo del 50.º aniversario del centro.
La jornada estuvo cargada de recuerdos y afecto, especialmente para Susana, quien aprovechó la ocasión para despedirse tras once años al frente del colegio. Su trayectoria refleja el alma de L’Ablanu: un lugar donde generaciones enteras se entrelazan. Profesores que un día fueron alumnos, hijos que comparten aulas con los mismos maestros que enseñaron a sus padres, familias que han hecho del centro una parte esencial de su historia… Todo ello ha contribuido a construir una auténtica comunidad educativa.
Desde su apertura en 1976, el colegio ha sido testigo de la evolución de Piloña. En sus inicios, acogía a más de 1.200 escolares, concentrando en su nuevo edificio —levantado en el lugar donde antaño jugaba La Piloñesa— a niños procedentes de las escuelas rurales del concejo. Aquellas aulas llenas de “rapacinos” marcaron el comienzo de una historia que hoy se celebra con orgullo y nostalgia.
El acto contó también con la intervención del alcalde de Piloña, Iván Allende, antiguo alumno del centro, quien reivindicó el valor de la educación pública como legado fundamental: «Debemos cuidarla, porque es el mayor patrimonio que dejaremos a nuestros hijos y nietos». Allende destacó, además, la puesta en marcha de la Escuela de 0 a 3 años como uno de los hitos más significativos de su etapa al frente del Ayuntamiento.
La celebración culminó con momentos cargados de simbolismo y emoción: la proyección de un vídeo con testimonios de alumnos, docentes y trabajadores, el enterramiento de una cápsula del tiempo —pensada para las generaciones futuras— y el descubrimiento de una placa conmemorativa en el patio del colegio.
Medio siglo después, L’Ablanu no es solo un centro educativo, sino un hogar compartido, un lugar donde las historias personales se entrelazan y donde sigue latiendo, día a día, el espíritu de la educación pública.