Sella no necesita presentaciones. En agosto, su nombre se escribe con mayúscula en media Asturias y se pronuncia en las terrazas de Arriondas y Ribadesella entre sidra, palas y trajes de piragüista.
Ayer, en el Ayuntamiento de Piloña, ese tren tuvo nombre y apellido: Amador Robles Tascón.
No fue un acto protocolario al uso. No hubo grandes discursos institucionales ni largas listas de cargos y condecoraciones. En su lugar, Los Tritones de Infiestu —esa cofradía laica de “anfibios selleros” que cada año desfila con tridente y sonrisa entre la multitud— organizaron un homenaje sencillo, íntimo, pero cargado de simbolismo.Y pusieron en el centro una carta leída por Esther Canteli, un texto que funcionó a la vez como crónica, como poema y como acto de justicia poética.
Foto de familia de los asistentes al acto en homenaje a Amador Robles, cuarto por la izquierda.
Una carta que es un viaje en primera clase
La carta no empezó diciendo el nombre del homenajeado. Jugó, en cambio, a las adivinanzas. Dibujó un retrato con pistas: “varón con V, no con B”, alguien con “mucha letra” en el sentido más humanístico, pero capaz de transformarse en “ingeniero ferroviario que vive apasionadamente las historias de vías y trenes”.
Quien escuchaba podía ir encajando las piezas: un hombre que “sabe más de las locomotoras de vapor que Ana Karenina”, amante de la filosofía, la sociología y la antropología, “más un Da Vinci sobre raíles que un ferroviario al uso”.Y, sin embargo, ese mismo hombre que podría haber sido “un anarquista sindicado en el ferrocarril, un periodista crítico con el sistema o un pensador de la Institución Libre de Enseñanza” acabó siendo, en el siglo XX y XXI, un gestor público impecable, comprometido con lo social y con lo político.
La carta no ocultaba su admiración.Hablaba de un “híbrido entre poeta y ferroviario” que “compone raíles y anchos métricos como César Vallejo sus versos”, y que lleva “en su vagaje y en su memoria todos los trenes turísticos españoles, y de manera sobresalientemente emocional y artesanal el tren de Las Piraguas”.
El hombre detrás del tren
Detrás de ese retrato literario está Amador Robles Tascón, un nombre que en los despachos de FEVE sonó durante años como sinónimo de vía estrecha, de turismo ferroviario y de defensa del ancho métrico.
Robles entró en la compañía en 1979, pasó por el Transcantábrico, por la dirección comercial y por la división de Operaciones, y en 2008 fue nombrado director general de FEVE, tras una etapa como director general de Turismo del Principado de Asturias.Pero en Infiestu, ayer, no se habló de organigramas ni de nombramientos. Se habló de un hombre que “luchó durante años contra la ‘centralidad madrileña’” para que Los Tritones pudieran seguir viajando en el Tren Fluvial y llegar a Arriondas, para estar en su sitio, en la fiesta que ellos mismos ayudan a hacer grande.
Se habló de un gestor que entendió que aquel tren no era solo un servicio: era un ritual, un símbolo, un pedazo de identidad asturiana.
Valentín del Fresno también hizo entrega de una acuarela al homenajeado.
80 años de tren, 75 de Tritones, una vida de Robles
El momento no podía ser más redondo. El Descenso Internacional del Sella camina ya hacia su centenario. El Tren Fluvial, puesto en marcha en 1945 para acompañar a piragüistas y aficionados, acaba de cumplir 80 años de historia.
Y Los Tritones de Piloña, que nacieron como una idea casi folclórica y se han convertido en un icono de la fiesta, celebraban su 75.ª participación en la prueba. En ese contexto, el homenaje a Robles adquiere otra dimensión.No es solo el reconocimiento a un gestor eficiente. Es el agradecimiento de una comunidad que ve en él a alguien que supo defender lo pequeño frente a lo grande, lo local frente a lo central, lo humano frente a lo puramente técnico.
“Gestor de imposibles, hacedor en la sombra”, decía la carta.“Tiene el pulso de un maquinista, la paciencia de un interventor, y la piel curtida de quien, durante toda su vida, ha creado y creído en rutas tejidas con hierro y acero”.
Una placa, una lámina y un “gracias” que no caduca
El acto terminó con dos gestos concretos. Kevi Menéndez, presidente de Los Tritones, entregó a Robles una placa conmemorativa en nombre de toda la “legio tritónica”.
El artista local Valentín del Fresno le regaló una lámina que recoge, en trazos, ese tren que ya es parte del paisaje del Sella.Pero el verdadero regalo fue ese “gracias” colectivo, dicho en voz alta, en un salón de actos de Infiestu, con el río Piloña a pocos metros y el eco del Sella en la memoria.
Un gracias por haber entendido que el Tren Fluvial no es solo un tren: es el vagaje de los sueños selleros, el silbato que anuncia la fiesta, el hierro que corre junto al agua como un segundo río.La carta cerraba con una frase que sonó a sentencia bondadosa: “Si aún no sabéis de quién estoy hablando, no tenéis perdón de Dios”.
En el universo de Las Piraguas, Amador Robles ya no es solo un nombre en un organigrama de FEVE. Es parte del paisaje. Es el tren que, año tras año, llega a tiempo a la estación del agradecimiento.