José Luis Díaz Bermúdez presenta su nuevo libro en la Casa de Cultura de Ribadesella

“Las casas que no tenían tejado”: relatos desde la memoria
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photo_camera José Luis Díaz Bermúdez.

En 1968 se fundó el barrio de Cobayu, en la zona alta de la villa de Ribadesella. La voluntad del por aquel entonces alcalde de Madrid, Miguel Ángel García Lomas, hizo que una promoción de viviendas de obra social destinada a Andalucía acabara anidando a orillas del Sella. Materiales algo endebles y tejados planos hechos de uralita representaban la silueta urbana de la zona por aquella época. José Luis Díaz Bermúdez residía en una de ellas junto a su familia. «Estas casas no tienen tejado», pensó de niño al ver la estructura de las viviendas, tan diferentes al estilo de construcción asturiano. «Cuando llovía, recuerdo andar colocando palanganas por toda la casa para frenar la entrada de agua», explica Díaz, sonriendo. Hoy, algunos años después, ese recuerdo se ha convertido en el título de un libro que el autor presentará este viernes, a las 19:30h, en la Casa de Cultura de Ribadesella, en un encuentro con Carlos Tejo y Alejandro Piélagos.

Las casas que no tenían tejado es una obra recopilatoria de diez relatos seleccionados de entre toda su producción. «Este libro es el resultado de desbrozar y actualizar algunos de los textos que he ido elaborando a lo largo de mi vida para fiestas patronales o concursos literarios», relata Díaz.

Narradas tanto en primera como en tercera persona, las historias, con un componente biográfico, exploran diversos temas: mujeres de la guerra y posguerra, viejos nostálgicos o jóvenes perdidos; personajes exagerados, costumbristas o frikis. Narraciones dispares y ocurrentes con un denominador común: el ojo que observa y un barrio compartido.

Profesor de secundaria desde hace más de 38 años, licenciado en Latín y Griego, Díaz siempre se ha sentido cómodo escribiendo. Colaborador de este medio durante cerca de 20 años con su columna de opinión Los tres acordes, también participó en la revista La Plaza Nueva, de la Asociación Cultural Amigos de Ribadesella, donde firmó textos en ocasiones con seudónimo.

«Creo que pienso mejor, razono mejor o me expreso mejor escribiendo que hablando», asegura. Para Díaz, escribir es, sobre todo, una necesidad. Una forma de contar cosas y de darles forma. En uno de los relatos del libro, “Lápices”, un personaje escribe «por el simple placer de escribir», por el gesto de trazar sobre el papel. Una idea con la que se identifica y que resume en una frase: la escritura «llega al tuétano». Frente a la imagen, lo tiene claro: de una palabra pueden salir «centenares de miles de imágenes».

Esa relación con la literatura contrasta con lo que observa en las aulas. Tras casi cuatro décadas como docente, Díaz reconoce que los jóvenes ahora leen menos. «Se lee poco», lamenta. Una tendencia que, a su juicio, limita el vocabulario y la capacidad de expresión. «Veremos a ver qué consecuencias trae», añade.

Los relatos del libro se mueven entre la memoria y la ficción. Mientras que en “Las lentejas”, el autor recupera escenas de infancia marcadas por aquellos veranos en los que el baño en la playa estaba condicionado por la obligada digestión, en el relato que da título al libro explora los sentidos a través de la mirada de un niño que acaba descubriendo un sexto sentido inesperado: el sentido común