Después del descenso, tocaba sentarse a la mesa. Cientos de personas se reunieron este sábado en los Campos de Oba, en Llovio, para compartir la tradicional comida campestre y seguir disfrutando de una jornada que había comenzado muchas horas antes con las piraguas como protagonistas.
El Ayuntamiento ofreció fabada y arroz con leche, pero hubo menú para todos los gustos. Muchos llegaron con la comida de casa y las mesas se fueron llenando de empanadas, tortillas de patata y sidra para compartir. Para quienes no habían llevado nada, también había food trucks de bocadillos y comida mexicana.
Y alrededor de las mesas, ambiente de Sella. Música asturiana, brindis, conversaciones, saludos de un lado a otro y grupos que alargaron la comida durante buena parte de la tarde. Amigos, familias, vecinos y piragüistas se mezclaban en los Campos de Oba, donde durante estos días se encuentra también una de las zonas de acampada de la Fiesta de las Piraguas.
Entre las carpas estaba la de los vecinos de Llovio, que este año volvieron a implicarse especialmente en la celebración. Además de preparar unas carpas para la comida popular, fueron los encargados de decorar el acceso a los campos para recibir a quienes iban llegando.
Y si algo repetían los vecinos durante la tarde era que hay que volver a animar a la gente a subir a Oba. La comida campestre fue durante años una parte inseparable del día del Sella, aunque dejó de celebrarse durante un tiempo. Ahora se intenta recuperar ese ambiente y conseguir que, una vez terminada la carrera, vecinos, visitantes y participantes vuelvan a encontrarse allí como se hacía antes.
A las 17 h llegó el momento de los aplausos con la entrega oficial de premios a los ganadores de las diferentes categorías del 88.º Descenso Internacional del Sella. Era el último acto de una tarde en la que Oba volvió a reunir a cientos de personas y, sobre todo, dejó claro que hay ganas de recuperar una costumbre que durante generaciones también ha formado parte del día de las Piraguas.
