Walter Bouzán, campeón de España de kayak de mar: «Hoy disfruto más entrenando que compitiendo»

El palista riosellano repasa una vida ligada al piragüismo, desde sus primeros entrenamientos en la ría del Sella hasta su reciente clasificación para el Campeonato de Europa
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photo_camera Walter Bouzán, acompañado de Nelo, durante la entrevista a orillas de la ría del Sella.

Acaba de proclamarse campeón de España de kayak de mar y en agosto volverá a vestir la camiseta de la selección española en el Campeonato de Europa. A sus 48 años, Walter Bouzán sigue ganando carreras, pero asegura que ya no compite por lo mismo que cuando empezó. Después de casi tres décadas en la élite del deporte, el palista del Club Piragüismo El Sella reconoce que hoy disfruta más de los entrenamientos, del mar y de la libertad que siente sobre la piragua que de cruzar primero la meta.

La conversación transcurre a orillas de la ría del Sella, junto al polideportivo de Ribadesella, donde lleva entrenando desde niño. A su lado, Nelo, un labrador de 11 años, no se despega de él y reclama atención de vez en cuando.

Nacido y criado en Llovio, Bouzán explica que crecer en Ribadesella casi lleva de forma natural a practicar este deporte. «Aquí no conozco a nadie que no haya practicado en alguna etapa de su vida el piragüismo. Lógicamente, por tradición y por todo lo que conlleva el Descenso Internacional del Sella, es casi obligatorio», comenta entre risas. Él empezó con apenas ocho o nueve años.

«Me enganchó desde el principio», recuerda. 

Con el paso de los años llegaron los títulos, aunque insiste en que la realidad del piragüismo está muy lejos de la profesionalización. «Prácticamente la mayoría de los piragüistas que conozco, y del mundo del piragüismo a nivel nacional, somos amateurs. Incluso nos cuesta dinero practicar este deporte. No te puedes dedicar exclusivamente a ello. Solamente unos pocos pueden vivir del piragüismo», explica.

Durante muchos años compaginó los entrenamientos con su trabajo en la construcción y, más tarde, con su profesión de bombero. «Salía de trabajar a las seis y media de la tarde y me iba directamente a remar. En invierno ya era completamente de noche, pero la ría está iluminada y seguíamos entrenando igual», recuerda.

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Walter Bouzán junto a la ría del Sella, donde entrena desde niño.

A pesar de los años, su rutina apenas ha cambiado. Entrena seis días a la semana y, a veces, incluso dos veces al día. Sin embargo, reconoce que su forma de afrontar la competición ya no es la misma. «Hubo una época en la que estaba a un nivel muy alto y aquello me exigía muchísimo, sobre todo mentalmente. Al final acababas exprimiéndote demasiado», explica. Ahora, en cambio, las prioridades son otras.

«La meta que me pongo es intentar disfrutar de esto. Disfruto más entrenando por las mañanas con el grupo que tenemos. Vengo, lo paso genial y, a día de hoy, casi lo que menos me llama es la competición», afirma.

Ese cambio de mentalidad también le ha llevado a disfrutar especialmente del kayak de mar. «Hoy en día me engancha más el kayak de mar, sobre todo por el ambiente. Es un ambiente más surfero, más de playa, más divertido. Yo disfruto como un enano», asegura. Además del ambiente, destaca las particularidades de esta modalidad. «Al final es cuestión de remar, pero te vas ayudando de las olas, las vas surfeando. Se sale de un punto y se llega a otro intentando aprovechar la fuerza del viento y de las olas. Es súper técnico, pero también muy físico», explica. «Si tuviera que elegir una modalidad, casi me tiraría por esta, porque ahora es la que más me divierte», concluye.

Cuando intenta explicar qué siente sobre una piragua tampoco habla de medallas. «La sensación de libertad, de poder navegar y moverte como tú quieras encima del agua, me encanta», asegura.

«Al principio cuesta un poco, pero en cuanto consigues mantenerte encima de la piragua y remar, puedes ir hacia donde quieras. Esa sensación de libertad es lo que realmente engancha», añade.

No es casual que siga entrenando en Ribadesella. «Con poca agua la ría cambia completamente. Cuando sube la marea parece un pantano. Tenemos el mar a menos de un kilómetro y, si queremos entrenar en río, también lo tenemos aquí. Para entrenar es de lo mejor que hay», explica.

Padre de un niño de ocho años, Bouzán asegura que nunca le impondrá seguir sus pasos. «No pienso obligarle a hacer piragüismo. Que haga deporte, el que quiera. Cuando quiera remar, aquí estaré», comenta. De momento, el pequeño juega al fútbol —«no sé de quién lo sacó, porque a mí el fútbol no me ilusiona mucho», bromea—, practica surf en verano y esquía con su padre en invierno. Aunque, cuando le preguntan qué quiere ser de mayor, la respuesta siempre es la misma: «Dice que quiere ser piragüista».

Con respecto al relevo generacional, Bouzán reconoce que cada vez resulta más difícil despertar el interés de los niños por el deporte. «Antes pasábamos el día entero en la calle, jugando, corriendo o trepando. Ahora tienen muchas más pantallas y cuesta más engancharlos», reflexiona. Aun así, se muestra optimista sobre el futuro del piragüismo en la comarca.

«Aquí, tanto en Ribadesella como en Arriondas o Cangas de Onís, el piragüismo está muy arraigado. Hay temporadas mejores y peores, pero siempre vienen chavales nuevos. Relevo sí hay», concluye.