Resistencia y unidad ante el abandono: así se están viviendo los incendios en los otros Picos de Europa

Fuego en Barniedo de la Reina. Foto: Diputación de León (Instagram).

La población de la parte leonesa de los Picos de Europa denuncia el abandono de la Administración

 

 

  1. Valdeburón, contemplando arder mientras nadie venía
  2. Valdeón, ni una orden de evacuación sirvió para que abandonaran la zona
  3. Riaño, la resiliencia como bandera
  4. Sajambre, cuando la naturaleza juega a tu favor

 

El paisaje de la otra vertiente de Picos de Europa se ha transformado en apenas unos días, y no solo como consecuencia de los incendios que asolan la montaña oriental del vecino León. Sumado al aire prácticamente irrespirable que indica que mucho se está quemando cerca, el ambiente es diferente. Hay tensión, miedo y voluntad ciudadana para afrontar una jornada más tratando de frenar los incendios. Una tarea que, durante demasiados días, han realizado vecinos y voluntarios sin prácticamente la ayuda de nadie.

Las notificaciones en redes sociales y en los grupos de WhatsApp que coordinan qué hay que hacer son constantes. Son iniciativas de vecinos organizados para acudir a las zonas en las que es necesario intervenir. Esas mismas en las que la ayuda de las distintas Administraciones ha tardado demasiado en llegar.

Las quejas sobre el abandono al que se tiene sometida a la montaña oriental leonesa no caben ahí. Se tienen en la calle, en los bares, en los comercios, en las cocinas. Han colonizado todas las conversaciones. Porque el sentimiento común es el mismo: si nosotros no nos salvamos, nadie va a hacerlo. El famoso "el pueblo salva al pueblo" que evidencia que el Estado no está muchas veces a la altura de las circunstancias.

Valdeburón, contemplando arder mientras nadie venía

En el caso del incendio entre Polvoredo, en el Ayuntamiento de Buron, y La Uña, en el de Acevedo; las declaraciones de los vecinos dan una idea de cómo se ha gestionado todo. «Llamábamos al 112 y nos decían que si era monte, que ardiera», nos contaba un vecino de Polvoredo, uno de los focos que ha provocado que el paraje pongueto de Arcenoriu esté ardiendo; «y para cuando han venido, ha sido demasiado tarde».

Y es que los helicópteros de extinción, uno de ellos cedido por Aragón, aparecieron en esa zona el sábado, 16 de agosto. Cuatro días después de que se desatara el fuego como consecuencia de un rayo. Mientras, tan solo una brigada forestal con una motobomba que no podían utilizar y muchos vecinos, también de las juntas vecinales y los grupos de acción local, fueron el único freno para el fuego. Unos medios ineficaces por más voluntad que se le pusiera a la faena y que han caldeado el ambiente de quienes se sienten abandonados. «¿Para esto formamos parte de Europa, para no aceptar la ayuda de nadie?», contaba a EL FIELATO una vecina de Acevedo visiblemente enfadada, «aquí no hay burocracia que valga ni autonomías, aquí lo importante es evitar que queme. ¿Cómo van a vivir los ganaderos de la zona si no hay monte en el que pastar?».

Valdeón, ni una orden de evacuación sirvió para que abandonaran la zona

El sentimiento es compartido en el vecino Real Concejo de Valdeón. Un territorio que forma parte del Parque Nacional de Picos de Europa y que lleva viviendo desde la pasada semana una de sus mayores pesadillas cuando se vio asediada por el fuego por partida doble. Primero, por el incendio que llegó a través de Caín procedente del fuego que se desató en la zona de Camarmeña, en Cabrales. Por otro, a través de Pandetrave como consecuencia del fuego que todavía ahora mantiene en vilo al Valle de la Reina.

La situación fue tan crítica que, el pasado domingo, se dio a orden de evacuación de la población. Algo que se negaron a secundar los vecinos, a quienes ni siquiera la amenaza les hizo abandonar la zona. «Yo ya dije que a mí tendrían que sacarme con los pies por delante», contaba a EL FIELATO Felipe Campo, alcalde pedáneo del Ayuntamiento de Posada de Valdeón, «decidimos que solo se fuera la gente mayor, y ya nos costó convencerles».

El incendio en Valdeón, el pasado lunes.

Desde entonces, la odisea no ha sido pequeña. Vecinos de los distintos pueblos de Valdeón ayudados por voluntarios y vecinos de todas partes por iniciativa propia han estado trabajando para salvar lo más importante: los pueblos. Lo único que estaba en su mano custodiar a la vista de la voracidad del fuego. Lo han hecho con medios insuficientes, con la ayuda de otros ayuntamientos. Porque eso sí: cuando la montaña se quema, la gente se moviliza para ayudar como ya hicieron, nos cuenta Felipe, «para tratar de frenar el incendio de Portilla de la Reina, aunque no lo logramos».

«A nosotros nos avisaron unos amigos de esta zona y, cuando nos contaron qué medios tenían, estaba claro que había que venir», cuenta a EL FIELATO un bombero voluntario de la Comunidad de Madrid, «nos organizamos para estar aquí y ayudar sin preguntar mucho más; hemos estado muchas veces aquí y estamos enamorados de la zona. No concebíamos dejarles solos».

Riaño, la resiliencia como bandera

En Riaño, durante toda la semana, se ha respirado tensión. Y no solo por el fuego. El recuerdo de quienes perdieron todo cuando el pantano se convirtió en una realidad sobrevolaba sobre muchas personas, que contemplaban cómo el fuego avanzaba por la Tierra de la Reina. «Era horrible ver quemar y las noches eran eternas», nos dice María, una mujer que mantiene vívido el recuerdo de ver la casa en la que nació reducida a cascotes.

La cosa se complicó cuando el fuego alcanzó la Sierra de Hormas, una joya del bosque cantábrico que atesora Riaño. «Es alucinante, se está quemando Hormas y nos dicen que lo dejemos arder», decía Adolfo, un vecino involucrado en tareas de extinción, «en qué cabeza cabe quemar monte porque sí para frenar al fuego y aquí no viene nadie». La falta de medios era la gran queja repetida. «Se avisó del fuego pero mandaron a un par de brigadistas», nos cuenta Laura, quien todavía tiene el recuerdo de su Riaño reducido a escombros, «todo fue subiendo de nivel y se empezaron a desalojar pueblos».

Riaño se movilizó para ayudar a los pueblos vecinos pero también para protegerse haciendo cortafuegos y desbrozando los alrededores de pueblo para tratar de frenar el avance de las llamas. Y lo hicieron con más de 200 vecinos, gente que desciende de la zona y que estaba pasando sus vacaciones, y con voluntarios venidos de todas partes para colaborar en la medida de sus posibilidades. «En los 80 no pudimos salvarlo del agua, pero ahora sí podemos intentar hacerlo del fuego», declaraba Txema, un barcelonés descendiente de esta zona que colaboraba en las tareas de desbroce en las márgenes del pantano. «Ahí están abuelas, madres y niños, al borde la carretera, haciendo limpiezas de cuneta», nos decía Laura.

Mientras, el colegio se convirtió en refugio de aquellas personas que tenían que ser evacuadas desde otras localidades. El llanto y el miedo de quienes se vieron sacados de sus casas se compensó con todo el trabajo de acompañamiento que puso en marcha la asociación de mujeres de la localidad, promotoras de este acogimiento a vecinos de otros pueblos.

Sajambre, cuando la naturaleza juega a tu favor

El día de San Roque, patrón de Oseja de Sajambre, el fuego comenzó a amenazar en firme al valle. «Viendo que el incendio de Polvoredo podía llegar, se comenzó a cortar en la Collada de Valdemagán», nos contaba Antonio Mendoza Toribio, alcalde de Sajambre, «estuvimos dos días controlando cómo evolucionaba y en qué dirección iba, pero es cierto que empezó a calmarse sin pasar a mayores: fue un incendio de los de siempre, de quemar un trozo, apagarse y ya está». A su favor, las características de la zona con mucha humedad y menos dado a arder.

Foto: Casa Rural El Encanto del Valle de Sajambre.

En el caso de Sajambre, no hay queja sobre los medios -«La Junta puso una brigada a disposición y, en estos días, han estado haciendo descargas de agua con helicóptero»- y mucha previsión por su parte. «Por lo que pudiera pasar, teníamos los depósitos de agua llenos y dejamos preparados los equipos de extinción que tenemos en cada pueblo», nos contaba el primer edil, «además, cortamos algunos árboles para que pudiera entrar el helicóptero a cargar agua en los dos embalses que tenemos y desbrozamos en previsión de que una motobomba también lo necesitara».