Alba Hernández-Mirueña Suárez recibió en el CEPI el premio "Pueblo de Lugones"

El galardón, impulsado por la Agrupación Folclórica La Sidrina, celebró su XVI edición
LA galardonada, en el centro, junto a los miembros del jurado y la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Siero
photo_camera LA galardonada, en el centro, junto a los miembros del jurado y la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Siero

El Centro Polivalente Integrado de Lugones se convirtió en la tarde del viernes en un espacio de emociones compartidas, aplausos prolongados y memoria agradecida. Allí, arropada por autoridades, representantes del tejido asociativo, patrocinadores, familiares y alumnos, Alba Hernández-Mirueña Suárez recibió el el premio "Pueblo de Lugones" otorgado por la Agrupación Folclórica La Sidrina, un reconocimiento a una trayectoria que ha dejado huella en el ámbito cultural y deportivo del concejo.

“Es seguro que hay muchas personas que se merecen este galardón más que yo”, comenzó señalando con humildad la fundadora de CandelArte, visiblemente emocionada. Sin embargo, el respaldo del público confirmó que la distinción no era casualidad. La organización quiso reconocer años de trabajo constante, innovación y compromiso con Lugones y con Siero, donde su proyecto ha echado raíces hasta convertirse en referencia.

Un momento de la actuación de los alumnos de Candelarte
Un momento de la actuación de los alumnos de Candelarte

Hernández-Mirueña agradeció de manera expresa el apoyo institucional recibido a lo largo de los años, desde el Ayuntamiento de Siero y la Fundación Municipal de Cultura hasta el Patronato Deportivo, así como el respaldo de la Federación Española de Baile Deportivo y de sus responsables nacionales. “Este galardón es también vuestro”, subrayó, destacando la importancia de contar con administraciones que apuesten por iniciativas que en sus inicios pueden parecer “raras”, pero que terminan consolidándose gracias a la confianza y la perseverancia.

Su intervención fue también un recorrido vital. Recordó su llegada a Lugones con apenas quince años, procedente de Salamanca, “con una maleta llena de sueños” y el baile como único lenguaje para expresarlos. Aquella adolescente que buscaba su lugar es hoy la impulsora de cinco centros, del DelArt Festival —de carácter internacional— y delegada territorial en Asturias de la Federación Española de Baile Deportivo. Una evolución que, como ella misma señaló, no ha estado exenta de dificultades, ni siquiera en los momentos más duros de la pandemia, cuando la comunidad creada en torno a CandelArte resistió gracias al esfuerzo colectivo.

Los bailes de la Agrupación Folclórica La Sidrina no faltaron en la entrega de premios
Los bailes de la Agrupación Folclórica La Sidrina no faltaron en la entrega de premios

Lejos de presentar su proyecto como una mera iniciativa empresarial, la premiada reivindicó su dimensión social. Formada en Educación Social y en el ámbito de la actividad físico-deportiva, defendió la danza, el deporte y la animación sociocultural como herramientas “para crear comunidad, cultura y salud”, espacios donde cualquier persona, independientemente de su edad, pueda encontrar su sitio.

El reconocimiento sirvió también para poner rostro a los apoyos invisibles. Desde los patrocinadores que han facilitado la participación de jóvenes asturianos en competiciones fuera de la región hasta las personas que la acompañaron en los primeros pasos como autónoma. Mención especial dedicó a su familia: a su hija Candela —motor e inspiración del proyecto—, a su marido, a su hermana y a sus padres, cuya decisión de trasladarse a Asturias marcó el rumbo de su vida. Evocó asimismo a sus abuelos, Carmen y Ramón Aurelio,con un recuerdo entrañable a la histórica tienda de lanas de la calle José Tartiere, parte de la memoria comercial de Lugones.

La premiada en un momento de su discurso de agradecimiento
La premiada en un momento de su discurso de agradecimiento

“No es solo mío”, repitió en varias ocasiones. El galardón, insistió, pertenece también a su equipo, a las familias, a los alumnos y a quienes han confiado en una iniciativa que combina arte y deporte como vehículos de transformación personal y colectiva. En un discurso cercano y sincero, incluso hubo espacio para reconocer ese “síndrome del impostor” que a veces acompaña a quienes emprenden, aunque en esta ocasión optó por quedarse con el cariño de su comunidad.

La clausura fue una declaración de principios heredada de su bisabuelo, Juan Artamendi: “Ser trabajador, ser honesto y tener palabra”. Tres pilares que, aseguró, sostienen cada uno de sus proyectos.

El Galardón de La Sidrina no supone, para Alba Hernández-Mirueña, una meta alcanzada, sino un nuevo impulso. En el Centro Polivalente Integrado de Lugones quedó la sensación de que la historia continúa: seguir bailando, entrenando y creando espacios donde el arte y el deporte, como defendió la protagonista de la tarde, hagan “un poco más felices” a quienes forman parte de ellos.