Pola de Siero es un bullicio hermoso el día de Güevos Pintos. El mercao de fruta y verdura en los aledaños de la Plaza Cubierta guía a los visitantes hasta el parque de Alfonso X el Sabio por entre las callejuelas llenas de terrazas hasta los topes. En Pola hace falta poca cosa para sacar a la gente a la calle a disfrutar de esos pequeños placeres que proporciona un vermú y algo para picar. Así que, si encima el tiempo es veraniego y la música por las calles y el Mercao Poleso suman, poca excusa queda.
28 puestos de artesanos vendiendo sus obras plasmadas en Güevos Pintos y su bendición a cargo del párroco de Pola de Siero, un tipo fantástico que se llama Fermín Riaño, que no dejó a nadie atrás en su pregón: «Un saludo a aquellos que tenéis hoy aquí el corazón y que no podéis físicamente acompañarnos: a tantos jóvenes y mayores que, buscando trabajo, habéis tenido que salir de nuestra tierra y especialmente a aquellas personas enfermas o de edad avanzada que compartís esta bendición de los huevos pintos a través de los medios de comunicación».
Riaño no dejó pasar la oportunidad para abordar los temas más candentes de la actualidad internacional: «Ni el estruendo de las guerras, que todos quisiéramos que cesaran ya, ni los oídos sordos de los poderosos a las voces de los pueblos hacen que los hombres y las mujeres, mayores y jóvenes, de esta villa dejemos de creer que es el diálogo y la escucha atenta a los pareceres e ideas de unos y otros la mejor manera de llevar adelante la vida en común con sus alegrías y angustias», ni los asuntos más candentes de la actualidad local: «aprovecho la ocasión para animar a nuestra corporación municipal a hacer posible ese plebiscito que han pedido ya más de 10.000 personas de todo el concejo a fin de poder conocer la opinión de todos y resolver unidos la gestión de algo tan fundamental y necesario para la vida como es el agua nuestra de cada día».
Cientos de personas abarrotaban el perímetro del Ayuntamiento, gente que vio llegar al presidente del Principado, Adrián Barbón, y a la delegada del Gobierno, Adriana Lastra, que vinieron a disfrutar de la fiesta y no dieron ninguna declaración a los medios presentes. No fue así el alcalde de Siero, Ángel García, que aprovechó la oportunidad para felicitarse porque el tiempo había respetado la fiesta: «tenemos un día maravilloso, un ambiente estupendo, tradición, que es de lo que se trata, compartir buenos momentos con amigos y seres queridos y tomar un poco de sidra o lo que se considere, comer algo, luego ver el desfile, la orquesta, sin olvidarse de comprar algún Güevo a las artesanas. Un día muy especial, reflejo de la identidad de la Pola y de Siero».
García tampoco dejó pasar la oportunidad de responder al párroco: «yo no me imagino dando misa. Seguramente que si me dijesen a mí como alcalde que me pusiera a dar misa, lo haría mal. Lo haría mal porque no tengo la preparación y no tengo el conocimiento».
Muchos representantes políticos se dejaron caer por la Pola: alcaldes y alcaldesas como Amparo Antuña, de Noreña; Eva María Pérez, de Llanera; Aitor García, de Bimenes o Saúl Bastián, de Sariego, se mezclaron con representantes de Foro –se dejaron ver Adrián Pumares y Hugo Nava–, representantes de VOX y el presidente del Partido Popular, Álvaro Queipo, que no quiso perder la oportunidad de disfrutar de la fiesta, un año más. Siempre afable y cercano, Queipo no dejó de recibir saludos y muestras de cariño desde que hizo su aparición por la plaza del Ayuntamiento: «Ya son varios los años que llevo viniendo y tengo que reconocer que es una de las fiestas que probablemente sean más entrañables y de las que más me gustan. Es cierto que es una fiesta de interés turístico, pero lo importante es el ambiente que se vive aquí, una mezcla maravillosa entre tradición, música por la calle, ambiente sin olvidarnos ni de los Güevos Pintos ni de las artesanas, que hacen desde lo más sencillo hasta composiciones que son auténticas obras de arte. Esta fiesta es mundialmente conocida y la promoción sobra, pero aun así yo insisto: merece la pena venir, merece la pena vivirlo».