La Fresneda homenajea a Valentín Pérez, su médico de familia durante tres décadas

Antíguos pacientes, amigos y vecinos prepararon este reconocimiento sorpresa al médico que «sabía escuchar, más allá de recetar medicamentos»
Valentín Pérez, en el centro, con su simbólico abrazo a todas las personas que han pasado por su vida en tres décadas de trabajo en La Fresneda
photo_camera Valentín Pérez, en el centro, con su simbólico abrazo a todas las personas que han pasado por su vida en tres décadas de trabajo en La Fresneda

Los más viejos del lugar, aquellas primeras familias jóvenes que llegaron a La Fresneda huyendo de los precios de la gran ciudad e imaginando un futuro de tres pisos con ático, jardín, barbacoa y perro a un precio asequible, recordaban en los corrillos que se formaron en el Centro Cultural de La Fresneda, mientras esperaban la llegada del doctor, aquellos años en que por iglesia había barracón, en los que había pescadería junto a la tienda de ultramarinos y que, en frente, estaba la pequeña consulta del médico de familia, en la que Valentín y Mar, la enfermera —que también se merecería un reconocimiento— apenas comenzaban una trayectoria que les ocupó tres décadas de su vida (a Mar menos), en la que vieron crecer la urbanización, el centro médico y la vida en la Urbanización de La Fresneda.

Valentín, el médico al que más pacientes quisieron «ahorcar» en la historia mientras aguardaban su turno en la sala de espera de la consulta —bastante más tiempo de lo que cortésmente una persona podía aguantar—, olvidaban sus instintos asesinos cuando, al fin, podían acceder al consultorio y él se desvivía por ellos, siendo oyente paciente, médico docente, psicólogo, amigo...; en la tarde del jueves recibió el reconocimiento sincero y agradecido de todos ellos el médico que no se limitaba a recetar, que escuchaba y transmitía comprensión,energía y empatía, muchas veces, los mejores medicamentos posibles.

Tras una jornada emocionante, el «médico que impulsó una pandemia de longevidad y salud» en La Fresneda quiso hablar y agradecer tanto cariño, pero apenas pudo: «pensé que lo había llorado todo. No sé cómo agradecéroslo». Y no pudo más. «después de tenernos una hora o dos en la consulta nos liquida ahora en cinco segundos» comentaba entre risas una de las maestras de ceremonias, antes de proponer una foto de grupo que inmortalizara el momento.

Valentín fue incapaz de controlar la emoción durante su homenaje sorpresa
Valentín fue incapaz de controlar la emoción durante su homenaje sorpresa

La iniciativa llegó de la mano de un grupo de personas que fueron sus pacientes durante años: Ana Rosa, Mónica, Cristina y Cruz prepararon el homenaje, una conspiración cuidadosamente preparada para que Valentín acudiera al auditorio sin saber a qué iba, sin saber que se iba a encontrar a sus padres, Santiago y Longina, a su mujer, Cruz, a su familia y a más de un centenar de personas que quisieron transmitirle su cariño. En la sala se proyectó un vídeo con testimonios de personas que pusieron en valor la labor de un ser humano, que iba para veterinario pero que no comulgaba con el sufrimiento de los animales y acabó estudiando medicina. Dicen que fue un estudiante brillante que pudo elegir cualquier especialidad, pero tuvimos la suerte de que, con ese espíritu de darse a los demás, eligiera la medicina de familia. Y lo demás ya es historia de La Fresneda.

Valentín se ha jubilado del consultorio, pero su labor para con los demás continúa: ha creado Proyecto Fresneda, una comunidad en la que, aprovechando su experiencia de más de tres décadas optimizando la salud de miles de pacientes e influyendo en su estilo de vida, sus hábitos alimenticios y la práctica del deporte, ha construido toda una red de actividades. Se trata de una comunidad de salud y longevidad con actividades grupales (la mayoría gratuitas), con un grupo de consumo donde se abastecen de alimentos ecológicos, en su mayoría procedentes de huertas propias que los propios miembros cultivan y recogen.