Hay despedidas que trascienden lo laboral para convertirse en un acontecimiento emocional. La de Feli Fuego, docente del Colegio Público Hermanos Arregui de Pola de Siero, fue una de ellas. Después de 41 años en el mismo centro educativo, la profesora recibió este viernes un homenaje sorpresa organizado por sus compañeros, alumnos y antiguos estudiantes con motivo de su jubilación.
La historia de Feli corre en paralelo a la del propio colegio. El Hermanos Arregui abrió sus puertas a comienzos de la década de los ochenta y, desde entonces, pocas figuras han permanecido tan ligadas a la vida cotidiana del centro como ella. Cuatro décadas después, se marcha convertida en una referencia para varias generaciones de familias sierenses.
La despedida comenzó de manera discreta. Mientras la docente impartía clase con aparente normalidad, miembros del equipo directivo la sacaron del aula para conducirla por los pasillos del colegio. Allí la esperaba una sorpresa cuidadosamente preparada: decenas de alumnos colocados en silencio que rompieron a aplaudir a su paso, acompañados por una música especialmente significativa para la homenajeada.
El recorrido continuó por las distintas plantas del edificio hasta desembocar en el patio, donde se reunió toda la comunidad educativa. Profesores que en su día fueron alumnos de Feli le entregaron un ramo de flores, mientras se proyectaban imágenes de su trayectoria profesional. El acto concluyó con un rap compuesto expresamente para la ocasión, una pieza repleta de referencias a su historia en el centro y a las anécdotas compartidas durante más de cuatro décadas.
La directora del colegio, Eva Iglesias, destacó que la permanencia de Feli en un mismo centro durante 41 años constituye un caso excepcional. «Pocos docentes pueden decir que hayan estado tanto tiempo en un mismo colegio», señaló. Pero más allá de los años acumulados, sus compañeros subrayan el legado humano que deja tras de sí. Iglesias la definió como una persona «siempre dispuesta» y destacó una cercanía que iba mucho más allá de las aulas. Desde la recepción de los escolares que llegaban en transporte escolar hasta la vigilancia de los recreos, Feli se convirtió en una presencia constante para el alumnado.
Su huella también se mide en pequeños detalles que han acabado formando parte de la memoria colectiva del centro: las golosinas que repartía en clase, las referencias a “Marcelino Pan y Vino” o la relación de confianza construida con miles de niños a lo largo de los años, niños que lloraban en el patio, abrazados a Feli que, como una estrella del rock, recibía afecto de casi 400 escolares que se arremolinaban para abrazarla: «Lo malo es que se tiene que ir, pero le deseo lo mejor», decía Hugo Tárano, de 5B. Jana Moreira, de 4B, casi no podía hablar por las lágrimas: «es la mejor profesora y es mi favorita». En los mismos términos se expresaba Aida Fernández «no tengo palabras para describir lo buena profesora que es, super buena y nos enseñó mogollón de cosas».