«Pilar Domínguez Carazo es, sencillamente, una mujer de las nuestras. De las que saben que las cosas importantes no se arreglan en los despachos, sino hablando frente a frente, compartiendo un café y escuchando con el corazón». Así la definían desde la Asociación Cultural El Observador cuando propusieron su candidatura a esta distinción, una propuesta que contó también con el respaldo de otras nueve asociaciones.
Presidenta de la Asociación de Amas de Casa de Pola de Siero, Pilar ha sido definida como «guardiana de un legado histórico», alguien que ha garantizado la supervivencia de un espacio que sirve de refugio y motor para muchas mujeres. Muchas palabras resonaron en la tarde de ayer: liderazgo, diálogo, empatía y calidad humana. Adjetivos que acompañan la trayectoria de una mujer que, como ella misma reconoce con sencillez, «siempre que me pidieron ayuda, si yo podía darla, la daba», y que asegura que hay muchas otras mujeres que merecían este premio antes que ella.
Pero Pilar Domínguez sigue moviendo montañas a sus 82 años. Simpática, mordaz y con una pizca de mala leche, así se mostró en su discurso de agradecimiento. Un recorrido vital que arrancó más de una carcajada entre el público al recordar las vivencias de una mujer que luchó por la igualdad en un mundo eminentemente masculino.
Una mujer rebelde que sobrevivió a los intentos de sus padres de convertirla en «una señorita formal» –la enviaron junto a su hermana a estudiar a un internado a Badajoz– y que terminó siendo, según sus propias palabras, un «bicho malo» que defendía a sus hermanos incluso cuando no lo necesitaban. «Si a alguien se le ocurría tocar a alguno de ellos y yo lo veía, ahí podía caer la del pulpo», recordó entre risas.
Su vocación inicial fue estudiar medicina. «Y claro, me dijeron que para hacerlo había que ir a Salamanca o a La Coruña, y la economía de casa no estaba para tanto. Éramos muchos hermanos». Aquella experiencia le hizo comprender pronto que hombres y mujeres no tenían las mismas oportunidades. «Así que terminé estudiando enfermería, porque era más barato y podía hacerlo interna».
Durante su intervención también tuvo un recuerdo para su marido: «La vida feliz mía, ¿sabéis cuándo empezó? Cuando me casé con Fernando. No porque fuera distinto de los demás, sino porque me ayudó a conseguir todas las cosas por las que hoy estoy aquí. Todo le parecía bien».
El acto, presentado por la concejala de Educación, Eva Iglesias, contó con la presencia del alcalde de Siero, Ángel García; el presidente de la Asociación Cultural El Observador, Ignacio Alonso; miembros de la corporación municipal, además de amigos y familiares.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando la nieta de Pilar, Celia Infanzón, subió al escenario para darle una sorpresa y dedicarle unas palabras. «Muchas personas la conocen por todo lo que ha hecho por Siero y por su trabajo ayudando a los demás. Pero yo tengo la suerte de conocer también a la abuela de casa: la que siempre escucha, la que aconseja, la que está pendiente de todos y la que nunca duda en echar una mano».
«Mi abuela siempre nos ha enseñado algo muy importante: que ayudar a los demás no es algo extraordinario, sino una forma de vivir. Y que las cosas buenas se hacen con cariño, sin esperar nada a cambio», añadió.
El cierre del acto corrió a cargo de Ignacio Alonso, presidente de El Observador, quien destacó que «hay personas que pasan por la vida sin buscar protagonismo, pero dejando una huella profunda en su comunidad».
«Personas que no necesitan grandes discursos porque su trayectoria habla por ellas. Pilar Domínguez Carazo es una de esas personas. A lo largo de los años ha trabajado desde el ámbito asociativo para que nadie quede atrás, para que las mujeres tengan un espacio, una voz y el reconocimiento que merecen, siempre con la humildad que la define».
El acto concluyó entre aplausos, con el reconocimiento unánime a una mujer que ha dedicado gran parte de su vida a construir comunidad. A sus 82 años, Pilar Domínguez sigue defendiendo, con la misma energía de siempre, una idea sencilla que ha guiado toda su trayectoria: ayudar a los demás no es algo extraordinario, sino simplemente una forma de vivir.