Los alumnos del IES Río Nora entregaron el dinero recaudado dentro del proyecto de Jóvenes Emprendedores Sociales (JES), una iniciativa educativa que había implicado a gran parte del centro durante el curso. La actividad estuvo coordinada por las profesoras Marta y Laurence, de Economía y Francés, y contó con la colaboración de Ingeniería sin Fronteras Asturias y Valnalón.
Un grupo de estudiantes de 3º de la ESO trabajó durante meses en coordinación con el colegio San Alberto Hurtado, ubicado en Souhoulé, en la Región Forestal del sureste de Guinea Conakry. El objetivo fue claro: recaudar fondos para mejorar las condiciones de vida de esta comunidad educativa africana.
El esfuerzo colectivo permitió reunir cerca de 1.500 euros, que se destinarían a la creación de un huerto escolar y una granja de conejos, dos iniciativas clave para fomentar la autosuficiencia alimentaria del centro africano. Para lograrlo, el alumnado organizó diversas actividades solidarias que movilizaron a toda la comunidad educativa.
Entre las acciones destacaron un concurso de postales, una maratón solidaria, un mercadillo y la popular venta de crepes, que lograron implicar tanto a estudiantes como a profesorado y familias. Estas iniciativas no solo tuvieron un impacto económico, sino también formativo, al reforzar valores como la cooperación y la responsabilidad social.
El proyecto incluyó además un importante componente tecnológico. El alumnado de 1º de Bachillerato, guiado por su profesor Jaime en la asignatura de Tecnología, diseñó y construyó estaciones fotovoltaicas destinadas a generar energía en el centro africano. Asimismo, elaboraron un folleto explicativo en francés para facilitar su uso, adaptándose al contexto lingüístico del país.
Durante el acto, el director del colegio San Alberto Hurtado, Etienne Mborong, expresó su agradecimiento y destacó la conexión creada entre ambos centros. Por su parte, los estudiantes del IES Río Nora explicaron el desarrollo del proyecto, mostrando el aprendizaje adquirido a lo largo del proceso.
También asistieron representantes de las entidades colaboradoras, que pusieron en valor una iniciativa que había combinado aprendizaje práctico, solidaridad y cooperación internacional. El proyecto permitió al alumnado acercarse a la economía desde una perspectiva real, mejorar sus competencias lingüísticas y tomar conciencia de las desigualdades globales.
La experiencia se cerró así como un ejemplo de educación comprometida, en la que el trabajo conjunto y la solidaridad se convirtieron en herramientas clave de aprendizaje.