Hay familias que conservan una fotografía. Otras, una casa. Algunas apenas un apellido. La de Francisco Cabeza Vigil, conocido como El Vixilu, conservó algo mucho más poderoso: una historia esperando ser contada. Y hoy, ese legado vio la luz en forma de libro, en Pola de Siero y escrito por su biznieto Avelino Cabeza Martínez bajo el título Francisco Cabeza Vigíl, El Vixilu: el hombre de los mil oficios. Más de un siglo después de su muerte, esa historia volvió a reunir a descendientes llegados desde distintos puntos de España, Uruguay y Estados Unidos. Lo hicieron para presentar un libro, sí. Pero sobre todo para recuperar una memoria familiar que había sobrevivido a la emigración, al paso del tiempo y al olvido.
Francisco Cabeza Vigil, conocido como El Vixilu, falleció en 1915. Constructor, empresario minero, propietario de una tahona, carpintero y hombre de iniciativa inagotable, fue una de esas figuras que ayudan a levantar una comarca sin llegar nunca a ocupar los libros de historia. Entre sus obras más conocidas figura el actual Ayuntamiento de Siero, además de varias estaciones ferroviarias de la zona central de Asturias y numerosos edificios particulares.
Todo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: «¿De dónde vengo?».
Esa fue la inquietud que empujó a su bisnieto, Avelino Cabeza, a iniciar una investigación que acabó convirtiéndose en un libro que plasma la historia centenaria de un apellido. Lo que en principio pretendía ser un árbol genealógico terminó transformándose en una inmersión profunda en la Asturias de finales del siglo XIX. «Cuando empecé a buscar información para reconstruir nuestro árbol genealógico no pensé que llegaría tan lejos», reconoció durante la presentación.
La investigación cambió de dimensión cuando apareció un tesoro inesperado: cerca de 700 cartas familiares intercambiadas entre 1877 y 1911. Correspondencia enviada desde Asturias, Cuba, Argentina o Uruguay que permitía seguir el rastro de varias generaciones y reconstruir tanto la vida profesional como las relaciones personales de una familia marcada por la emigración. Durante meses, Avelino dedicó incontables horas a descifrar documentos, rastrear archivos y contactar con familiares repartidos por medio mundo. Un trabajo que varios de los asistentes describieron como una auténtica labor de arqueología familiar.
Susana Machargo, autora del epílogo, resumió el proyecto como el resultado de una búsqueda impulsada por una pregunta universal. «La historia con mayúsculas se construye con miles de vidas pequeñas como esta», señaló al referirse a la figura de El Vixilu.
Entre los asistentes estaba Daniel Gianelli, bisnieto del protagonista, llegado desde Uruguay junto a su familia. Sus abuelos habían cruzado el Atlántico hace más de un siglo buscando una oportunidad. Él realizó el viaje contrario para reencontrarse con sus raíces.
Durante su intervención recordó las conversaciones nocturnas con Avelino mientras avanzaba la investigación y destacó el esfuerzo realizado para ordenar décadas de documentación familiar. También reivindicó el papel de la emigración asturiana en América y la huella que aquellos emigrantes dejaron en sus nuevos países sin romper nunca el vínculo con la tierra de origen.
La emoción apareció también en las palabras de Menchu Cabeza, otra bisnieta de Francisco Cabeza Vigil. Para ella, el encuentro sirvió para comprender mejor la historia familiar y reconocer tanto el legado del patriarca como el trabajo de quien se empeñó en rescatarlo del olvido.
La representación municipal corrió a cargo del concejal de Hacienda, Raimundo Díaz, que excusó la ausencia del alcalde, recordó los orígenes de El Vixilu en Valdesoto, su pasado vinculado a la minería y agradeció la labor de investigación realizada para preservar una parte importante de la memoria local.