Ciencia para todos: Villaviciosa celebra cinco años de Navidades ConCiencia

Descubriendo posibles nuevos mundos desde Asturias
Enrique Díez Alonso, investigador del ICTEA y profesor del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Oviedo durante su charla.
photo_camera Enrique Díez Alonso, investigador del ICTEA y profesor del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Oviedo durante su charla.

El Teatro Riera volvió a convertirse esta semana en un pequeño observatorio científico. No había telescopios ni pantallas gigantes de la NASA, pero sí algo igual de poderoso: un público de todas las edades dispuesto a dejarse llevar por la curiosidad. Era la quinta edición de las Navidades ConCiencia, el ya tradicional encuentro navideño organizado por la asociación Villaviciosa ConCiencia, ese grupo de jóvenes científicos maliayos que ha logrado algo tan difícil como hacer que la ciencia forme parte del calendario festivo local.

A la entrada, el ambiente era el de siempre: familias, estudiantes, jubilados, aficionados a la astronomía y vecinos que, simplemente, no quieren perderse “lo que monten estos mozos”. Al frente, como siempre, Pablo Cayado, presidente de la asociación, que saludaba, organizaba y sonreía con la satisfacción de quien ve crecer un proyecto que empezó casi como un experimento.

Miembros de Villaviciosa Conciencia, junto a los investigadores del ICTEA Santiago Iglesias Álvarez y Enrique Díez Alonso.
Miembros de Villaviciosa Conciencia, junto a los investigadores del ICTEA Santiago Iglesias Álvarez y Enrique Díez Alonso.

Primera parada: qué es un exoplaneta y cómo se encuentra algo que no se ve

El primero en tomar la palabra fue Santiago Iglesias Álvarez, investigador del ICTEA, que abrió la tarde con una charla técnica, pero sorprendentemente accesible. Explicó qué es un exoplaneta con la claridad de quien sabe que la ciencia no necesita complicarse para fascinar: “lo mismo que un planeta del Sistema Solar, pero orbitando otra estrella”.

A partir de ahí, el público viajó a través de los métodos que utilizan los astrónomos para detectar mundos invisibles. Iglesias se detuvo en el método de tránsito, ese juego de luces y sombras que permite saber que un planeta existe porque, durante unos segundos, roba un poquito de brillo a su estrella. La sala escuchaba en silencio, como si todos estuvieran mirando ese pequeño descenso de luz en directo.

Hubo un momento especialmente revelador cuando habló de la inteligencia artificial que él mismo desarrolló durante su tesis para analizar los datos de los telescopios de la NASA y la ESA. Datos que, como contó, primero permanecen en “cuarentena científica” y luego se liberan al público. “La cantidad de información es tan enorme que sería imposible analizarla a mano”, explicó. Y ahí entran los algoritmos, capaces de encontrar patrones donde el ojo humano tardaría años.

Segunda parada: ciencia ciudadana para descubrir nuevos mundos

El segundo ponente, Enrique Díez Alonso, también del ICTEA y profesor del Departamento de Matemáticas de la Universidad de Oviedo, cambió el tono de la tarde. Su charla fue más narrativa, casi una historia de aventuras científicas. Presentó el proyecto K2-Ojos, una iniciativa de ciencia ciudadana en la que profesionales y aficionados colaboraron para analizar datos reales del telescopio espacial Kepler.

Diez personas de la Sociedad Astronómica Asturiana OMEGA participaron en el proyecto, tras un periodo de formación y reuniones periódicas que coincidieron con los meses más duros de la pandemia. Juntos, profesionales y amateurs, consiguieron algo extraordinario: detectar cuatro exoplanetas confirmados y otros catorce candidatos. Un logro que incluso les llevó a publicar en una revista científica de impacto.

La sala reaccionó con sorpresa. No todos los días se escucha que un grupo de aficionados asturianos ha contribuido a ampliar el mapa de mundos más allá del Sistema Solar.

Preguntas, curiosidad y un cierre que sabe a futuro

El turno de preguntas fue casi tan interesante como las charlas. ¿Hay exoplanetas parecidos a la Tierra? ¿Podremos detectar vida? ¿Qué son los biomarcadores? ¿Y los tecnomarcadores? Enrique y Santiago respondieron con paciencia y entusiasmo, demostrando que la divulgación no es solo explicar, sino escuchar.

Cuando el acto terminó, el público salió del Riera con esa mezcla de asombro y ligereza que deja la buena ciencia: la sensación de que el universo es inmenso, sí, pero también cercano; que hay mundos por descubrir y que, desde Villaviciosa, también se puede mirar al cielo con ambición.

Cinco años después de su primera edición, las Navidades ConCiencia no solo se han consolidado: se han convertido en una cita imprescindible. Un recordatorio de que la ciencia también puede ser tradición, encuentro y celebración.