La flor que amenaza las dunas de Rodiles moviliza a 35 voluntarios para frenar su expansión

La jornada de voluntariado ambiental organizada por Biodevas dentro del programa de la Red Natural de Asturias combina sensibilización y acción directa para retirar onagra
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photo_camera Un total de 35 voluntarios participaron en la jornada.

Cubos en una mano, guantes en la otra y la vista puesta en una flor amarilla que muchos paseantes consideran parte natural del paisaje. Treinta y cinco voluntarios han recorrido este domingo las dunas de Rodiles para retirar ejemplares de onagra, una especie exótica que avanza por la costa asturiana y amenaza a la flora autóctona.

La actividad, desarrollada por la asociación socioambiental Biodevas dentro del programa de voluntariado de la Red Natural de Asturias (RENA), ha reunido a personas de diferentes edades y procedencias con un objetivo común: contribuir a la conservación de uno de los espacios naturales más emblemáticos del litoral asturiano.

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Alejandro Peláez Leiza, durante la formación que tuvo lugar al comienzo de la jornada.

Antes de comenzar los trabajos, los participantes recibieron una breve formación impartida por el miembro de la junta directiva de Biodevas Alejandro Peláez Leiza, quien explicó las características de la onagra, los riesgos asociados a su expansión y la forma correcta de retirarla sin causar daños a la vegetación autóctona. Tras las explicaciones, la organización repartió cubos y guantes y dividió al grupo en pequeños equipos supervisados por monitores.

La iniciativa busca acercar a la ciudadanía a un problema ambiental que a menudo pasa desapercibido. "El objetivo es sensibilizar a la gente para que conozca el problema de las especies invasoras y, al mismo tiempo, que esa sensibilización sea útil mediante acciones de voluntariado ambiental", señaló Peláez.

La especie objetivo de la jornada fue la onagra (Oenothera glazioviana), una planta introducida originalmente con fines ornamentales que ha logrado expandirse fuera de jardines y espacios urbanos. “Se introdujo como ornamental para adornar jardines y se escapó. Ahora se está reproduciendo de forma desproporcionada, sobre todo en ecosistemas costeros y zonas de dunas”, explicó Peláez.

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Los participantes se dividieron en tres grupos, todos ellos con un monitor. 

El principal problema de esta planta, como ocurre con otras especies invasoras, es su capacidad para competir con la vegetación autóctona. 

“El problema de todas las especies invasoras vegetales es que desplazan a las naturales. Si esas especies ya son vulnerables o escasas, pueden llegar a extinguirlas”, advirtió Peláez.

La actuación se desarrolló además en una zona especialmente sensible desde el punto de vista ecológico. Entre la vegetación dunar se encuentra el nardo marino (Pancratium maritimum), una especie protegida presente en este tramo de Rodiles. Por ello, los monitores insistieron en la necesidad de identificar correctamente las plantas antes de arrancarlas y evitar cualquier alteración innecesaria del entorno. “No puede ser peor el remedio que la enfermedad. Hay que arrancar la especie invasora sin dañar ninguna otra especie”, recordó Peláez.

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Dos mujeres voluntarias depositan las plantas invasoras arrancadas en un cubo.

Más allá de la retirada de ejemplares, la jornada sirvió también para descubrir una realidad desconocida para muchos de los asistentes. Paco Vegas, vecino de Villaviciosa y participante habitual en este tipo de iniciativas, reconoció que hasta hace poco desconocía el impacto de la onagra. “Pensábamos que era una flor bonita, que formaba parte del paisaje. No teníamos idea de que pudiera perjudicar al resto de la vegetación”, explicó.

A su lado, Loreto Soto y Tomás Álvarez, llegados desde Gijón para participar por primera vez en una actividad de voluntariado ambiental, disfrutaban de la jornada junto al mar. “Nos pareció una buena forma de disfrutar el domingo al sol y en la naturaleza, conocer la zona de las dunas y aprender sobre las plantas invasoras”, señalaron mientras admitían que desconocían que la onagra fuera una especie problemática para los ecosistemas costeros.

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Loreto Soto y Tomás Álvarez, llegados desde Gijón.

Entre los participantes también se encontraba Sarah Eno, una ecóloga jubilada procedente de Escocia que reside en Asturias desde hace seis años y que destacó la importancia de conservar la flora autóctona para mantener el equilibrio ecológico. 

“La flora natural es muy importante para la biodiversidad. Las plantas, los insectos, los pájaros... todo forma parte de la cadena alimentaria. Las especies invasoras son una gran amenaza para esa biodiversidad”, afirmó Eno.

Ventura Álvarez Vilchez, de ocho años y el voluntario más joven de la jornada, repetía experiencia tras haber participado anteriormente en otra retirada de onagra junto a su familia. “Es una planta invasora que viene de otro país y hay que echarla”, resumió el pequeño, que animó a otros niños de su edad a participar en este tipo de actividades de conservación ambiental.

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Ventura Álvarez, el voluntario más joven de la jornada,

La actuación de Rodiles forma parte de una programación que continuará en las próximas semanas en otros puntos del litoral asturiano. La siguiente cita tendrá lugar en la playa de Bayas, en el concejo de Soto del Barco, donde el voluntariado se centrará en la retirada de uña de gato, una especie invasora catalogada oficialmente y considerada especialmente agresiva por su capacidad para colonizar amplias superficies y desplazar a la vegetación nativa.