Opinión

Continuando con el de la “Miga” El FIELATO

Era como una premonición de la que se avecinaba. En aquel entonces ya teníamos un piso en la calle Ángel Tárano en Cangas de Onís. 

Una directora, que en su día fue la primera directora de periódicos de España y ahora venía una gran inversión impensable. En la pequeña redacción te encontrabas con unos cuantos ordenadores Macintosh, y un frío que pelaba. Por eso estábamos todos en una sola habitación. Pero... y ahí viene el pero, los periódicos se imprimían en Oviedo. Todo iba sobre ruedas pero, otra vez, y ahí está el pero, aquellas instalaciones cerraron y nos dieron una semana para buscar nueva rotativa (maquineja donde se imprimen periódicos). Viajé por toda Galicia, Cantabria, y León. Al final en la rotativa de La Crónica de León nos imprimían “el de la miga”. Más gastos, mas lejos. Otra dificultad nueva a afrontar. Al menos alguien imprimía EL FIELATO.

Pero mi gozo en un pozo. Al finalizar los seis primeros meses de contrato de impresión, nos subieron el precio a más del doble. Extraño ¿no les parece extraño? No escribo lo que pienso, porque no lo puedo demostrar. Por lo menos los de León nos dieron de plazo un mes.

Dios mío ¿y ahora?

Cuando imprimíamos en Oviedo, lo hacíamos junto con el Periódico de anuncios El Cero. Me pongo en contacto con mi amigo  y director del mismo. Me dijo que él había encontrado una impresora en Lérida. Pues tras una llamada suya a la empresa de la rotativa, para allá fui. 

Los catalanes son gente muy trabajadora y seria. Lerigraff se ocuparía a partir de ese momento de imprimir EL FIELATO. Pero, y ¿cómo llevamos los fotolitos y traemos casi una tonelada de periódicos todas las semanas?

Pues como uno es inasequible al desaliento, hablo con dos buenos amigos,  Calo y Ton Soto Zaragoza, dueños de la pionera empresa del descenso del río Sella (Ranasella). Ellos tenían dos furgonetas, y como el Descenso del Sella no movía la multitud de gente de hoy, los lunes las furgonetas estaban paradas, porque la gente disfrutaba de la aventura del Sella solo los fines de semana normalmente.

Y no solo me dejaban la furgoneta, sino que me la llenaban de gasóleo. Buena xente, eran y son muy buena xente.

Bueno, pues furgoneta ya tenía pero, y ahí está el pero. Lérida quedaba a 700 kilómetros

Pues nada: valor y trabajo de chófer repartidor. Por la mañana escribía una entrevista u otra cuestión. Después, a eso de las 4, viajaba a Gijón donde Jose nos hacía los fotolitos (una especie de plásticos que eran fotografías de cada página). 

Y de Gijón para Lérida con los fotolitos de marras. ¿Cansado? Pues la verdad era que sí, pero no quedaba otra. Y encima no había autopista. Tras 8/9 horas de viaje, llegaba a Lérida, saludaba a los montadores de fotolitos, maquinistas y en unas tres horas estaba impreso EL FIELATO y cargado en la furgoneta. En esas tres horas uno dormía en una colchoneta dentro de la furgoneta.

Pero tenía 38 años y un proyecto que me ilusionaba, amén que había que traer pan a casa. Durillo… pues sí. Pero a la vez era mi gran ilusión. Me motivaba muchísimo que la gente de los pueblinos se aficionara a leer y que los niños hasta colorearan las viñetas del genial Enrique Carballeira, autor de las mismas. Hoy es el director de Onda Cero en Infiesto.