La Gran Estafa es una película de hace 20 años que narra cómo un escritor de medio pelo se la armó a una grandiosa y poderosa editorial (Casa Blanca de por medio). Se cuenta en esa película, basada en hechos reales, de la mano, entre otros del actor Richard Gere. Pero mira tú por donde que la película la Gran estafa a la que me refiero es a la actual de los precios de fertilizantes, gasolinas, gasóleos y otros derivados del petróleo.
Por ley, tiene que haber siempre en depósitos de petróleos y derivados, el consumo neto nacional de tres meses. Está vigilado por ley de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES).
Pus resulta que los políticos, todos miran para otro lado y permiten que nos vendan a precio de oro “unas gasolinas” que ya estaban pagadas hace meses a precio infinitamente inferior. Y por esa negligencia política hacen mucho más ricas (La Gran Estafa) a Repsol, y otras petroleras, que son a la postre los dueños de ese petróleo pagado a precio de “ganga” hace un trimestre, que hoy nos venden a precio de guerra.
Y digo yo. Si resulta que a los tarados y criminales de Trump y Netanyahu, les da por parar la guerra dentro de un par de meses y normalizar los precios de las gasolinas ¿a dónde fue a parar el pastizal que nos estafaron? Nunca se sabrá.
Para los que están en estos momentos espesos y no me entienden, les pongo un ejemplo cercano:
Tiene un llagarero 100.000 litros de sidra hecha con manzana que pagó a 0,40 céntimos el kilo.
Una guerra quema todas las manzanas de Francia, España y aledaños, y saben que desde ya la manzana valdrá a un 1 euro, la próxima temporada. Por tal razón, el litro de la sidra que tiene embotellada valdrá el doble que este año. Pero ya puestos cobra desde ahora (que sabe lo que subirá la manzana y otros) el doble, aunque la manzan la pagó al precio antiguo de 0,40 céntimos el kilo. Con dos cojones…
Pero esto no es nuevo. Hace décadas Franco envió al entonces príncipe de España, hoy rey emérito, a negociar petróleo con los árabes, cosa que consiguió y, de paso, acordó un tanto por ciento de por vida por cada barril de petróleo que entrara en España.
El encargado-gestor de tal fechoría fue Manuel Prado y Colón de Carbajal, que terminó en la trena. Algo muy “borbónico”: que paguen otros por mí, como el fantoche Colón y Prado de Carbajal, hicieron lo mismo el general Armada, el teniente general Milans del Bosch y hasta su yerno Urdangarín.
No me olvido del genuino ingeniero y economista en tiempos de la UCD, Roberto Centeno, que en otra ocasión que nos quedamos sin petróleo (principios de la democracia, siendo ministro Alejandro Rosón) fue en misión extranjera y vino la mar de contento con unos barcos atiborrados de miles de toneladas de tan exquisito producto petrolero.
Pues su gozo en un pozo. El ministro Fernández Ordóñez lo puso de chúpame domine, porque el rey se había cabreado y armó la de vámonos Juana.
Evidentemente, en ese viaje el rey Borbón, no cobró la comisión que nos robó durante décadas.