Y Jesús Cintora llenó
No nos conocíamos pero, así y a primera vista, me dejó entusiasmado. Cintora es un periodista de raza, que teniendo programas de éxito le ponen palos en las ruedas todos los días para taparle la boca. Me suena de algo ese asunto…
Encima Cintora es un “matriculín”, porque en su expediente académico figura más el 10 que el 9, lo cual les puede ir situando sobre quien es el periodista capitalino* de marras.
Antes de continuar un dato importante:
Sin conocernos de nada subió a mi coche y fue trabajando hasta Benia de Onís, donde le presenté al alcalde y concejales antes de parar en el bar Moreno a tomar un dáqué, y luego visitar la cueva de Rosita y subir a la gran cueva de maduración de quesos Quiliama, en un paraje con envidiables vistas. Rosita fue nuestra acompañante y guía.
Cintora había salido de Madrid hacia las siete de la mañana, y supongo que hacia las 5 estaría en pie, porque los capitalinos de Madriií siempre tienen que viajar kilómetros y soportar caravanas para ir a cualquier destino. Pobre gente.
El salón del Parador estaba hasta los topes, unas 150 personas; lo mismo que logró en Avilés que tiene 80.000 habitantes. Entre Cangas de Onís y aledaños moran unos 15.000 habitantes. Una diferencia poblacional notable.
Le confieso, amadísimo parroquiano, que solo me faltaba la gorra de plato para convertirme en chófer de tan insigne pasajero. Horas más tarde ejercí de librero para vender y cobrar todos sus libros en una improvisada “librería”. No haría unas tres horas de su llegada a Asturias y siguiendo con su trabajo (todo a través de su teléfono móvil) va y me espeta, quedándose tan ancho: «Oye: ¿tú no tendrás a nadie para que se ponga a vender y cobrar los libros que traigo?».
En ese momento ya estaba yo a punto de “asentarlo en mi libro de actas”**, pero me dio pena. Ver a un tipo tan trabajador y enamorado de su exitosa profesión me llevó a recordar lo que uno hacía a su edad. Él los cincuenta todavía no los cumplió y pensé para mis adentros: pobre rapaz. Metile entre papu y papu, una fabada pistonuda y lluegu mándelu pa la cama, porque el chaval nun daba pa más.
Hasta ese momento ejercí de taxista por la cara, Guía Turístico por la idem y para más inri, tuve que ejercer de niñero pa echalu a dormir antes de la conferencia coloquio, porque vilu agotáu.
De paso le fui enseñando lugares de Asturias. Se empeñó en conocer Covadonga, Lagos de Covadonga y la Santina. Por lo tanto y ya algo más parlanchín el docto periodista, demostrele que también sabía ejercer como guía turístico. Encima me quedé con la gana de saber si lo había tratado bien o mal; si lo había pasado bien... Y para más inri, ejercí de “reloj portátil” al finalizar su periplo asturiano, porque de la que llegamos a la estación de Oviedo –desde el coche– tenía que hacer un directo para un programa de televisión.
Pero este asunto “cochil televisivo” comenzó a las 6,20 cuando su tren salía a las siete menos cinco. Evidentemente, le ayudé a sacar la maleta y marchó pitando.
Eso sí: el salón del Parador estaba hasta los topes, unas 150 personas; lo mismo que logró en Avilés que tiene 80.000 habitantes. Entre Cangas de Onís y aledaños moran unos 15.000 habitantes. Una diferencia poblacional notable.
Encima probablemente no pareció apreciar ni lo más mínimo el gran poder de convocatoria de EL FIELATO, donde previamente le había hecho una entrevista en la última página.
Ni probablemente se dio cuenta de que la única calle del mundo dedicada a los Periodistas de Pueblo y en el número 1, estaban nuestras instalaciones.
Cintora actúa como las estrellas del periodismo –que lo es– pero no se da cuenta de que en los pueblos también sabemos hacer periodismo, ese que los “astros del oficio” solo se acuerdan cuando tenemos una gran accidente con muchos muertos o una desgracia similar.
Me encantó conocer a un gran tipo, trabajador empedernido y siempre en su mundo de la comunicación.
Espero seguir en contacto con él, aunque ya les digo que de taxista, guía turístico, niñero y librero, más en su vida piense con ello.
El periodismo local, el de los pueblos, es el que más vale para resolver lo cercano y lo cotidiano. Su periodismo, como el de todos los astros del oficio, es como el de un telefonista portátil, conectado con todo el mundo. Distante, frío y no muy de mucha utilidad real.
Ahora con la DANA, luego con el asunto Broncano y mañana con la chorrada de turno que suelta el político que toque.
Me quedé con las ganas de que la RTPA le hiciera una entrevista pero, a pesar de insistir, no quisieron, que poder SI PODÍAN.
Aprovecho esta carta del ex director, para dar las GRACIAS al Parador y especialmente a su director, Ignacio Bosch, por ayudarme en todo para que este acto se pudiera organizar.
*Periodista de ciudad.
**Poner a una persona en su sitio.