Las monjas de Arriondas

A las monjas de Belorado, los curas se la han armado. Ahora tranquilamente instaladas en Arriondas, cuentan algo que para mí en absoluto es nuevo: «La Iglesia está corrupta». Nada nuevo en la villa, porque hace décadas un tipejo –en aquel entonces delegado Diocesano de Cáritas (Cariotas)–, Alberto Reigada Campoamor que todavía vive, casi me echa a la ruina robándome el periódico Sin Techo, que en aquellos años facturaba unos dos millones y medio de pesetas (20.000 euros al mes).

La codicia de los Cáritas-Cariotas les hizo robar un periódico que iba de maravilla. El muy desgraciado de Campoamor sigue echando misas y engañando a todo el que puede.

Es decir: La Iglesia ya era corrupta en aquel entonces. Pero es que siempre fue corrupta y con mando en plaza. Ya por tiempos de los Reyes Católicos (Católicos, ojo al dato).

Los curas son gentes que viven en contra de la realidad humana. Ellos cumplen todas las pautas del ser humano menos que nos quieren hacer creer que el sexo no entrará en sus vidas. Entrar no debe entrar, pero salir... no veas la cantidad de libros y testimonios sobre los hijos de los curas. Una desgracia como otra cualquiera, cuyos abortos eran muchas veces pagados con objetos de valor que misteriosamente desaparecían de las iglesias. Curas: peseteros y malas personas. Ojo que generalizar es malo.

Pues a estas monjitas clarisas que las obligaron a irse del Monasterio de Belorado, porque al obispo de Burgos Mario Iceta –ordenado por el singular Rouco Varela– le vino en gana, a sabiendas de que no estaba cumpliendo con ese octavo mandamiento de la ley de Dios que dice: NO DARÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRÁS.

Y el del purpurado “descendiente” del curiosón Rouco Varela aplicó tal mandamiento para echarlas, sin ningún miramiento. Ellas siguen vistiendo con sus hábitos de monjas y creo que escuchan la Santa Misa de un cura alemán. Para que Dios interceda para que se enteren de algo.

De todas formas, como no hay mal que por bien no venga, ni que cien años dure, tendremos en Arriondas de la que sales hacia el Mirador de El Fito y al lado de la anterior fábrica de Arias (hoy Lafuente) un restaurante donde se comerá como Dios, que para eso las jefas de cocina son monjas de Dios.

Santa María del Chicu, que es el río que pasa por tal establecimiento, es el nombre de tan singular negocio de hostelería.

Juro, prometo y voto que iré a comer, y adquiriré sus dulces, que seguro son maravillosos. De paso a darles ánimos a las monjas (aunque no van a servir las mesas).