Opinión

En recuerdo de Sergio Galdo

No descansa la señora de la guadaña. Además da la sensación de que, últimamente, trabaja a tres turnos. Hace unos días se nos volvió a helar el corazón a cuenta del fallecimiento del cámara y compañero Sergio Galdo. Antes de irse a la corresponsalía del Bajo Nalón, dónde estuvo los últimos años, algunos tuvimos el privilegio de tenerlo algún tiempo como compañero de fatigas. Nos remontamos a 2013 cuando un grupo de redactores y de operadores de cámara, entre los que estaba Galdo, coincidimos en la empresa que, por aquel entonces, empezaba a prestar el servicio de corresponsalías para la televisión pública asturiana, la TPA.

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Sergio Galdo grabando con su cámara, durante una nevada, en la carretera de Sotres.

Trabajamos juntos en muchas ocasiones en mis inicios televisivos y su ayuda y consejos resultaron muy útiles para alguien que, como yo, procedía de la prensa escrita. Recorrimos la comarca de los Picos de Europa de arriba a abajo dando cuenta de multitud de temas: las excavaciones arqueológicas en la cueva de Collubil (Amieva), el conceyu del texu en San Esteban de Cuñaba (Peñamellera Baja)… También volamos desde Pandébano a Urriellu para dar cuenta de cómo abastecía el refugio el helicóptero que nos transportó hasta allí. Fue una jornada de lo más prestosa por más que a Galdo, algún sinvergüenza le robase su chaqueta de goretex que había dejado apoyada en un murete delante del refugio. A Galdo le tocó correr con su cámara detrás del guirria por las calles de San Juan de Beleño un 1 de enero. Otro reportaje memorable fue cuando grabamos en Llerices a Miguel Larrea, afinador de lloqueros. También nos tocaron viajes para dar cuenta de las nevadas en Ponga o de algún alud en la carretera de Sotres. Fueron un sinfín de reportajes también los que, al cambiar a la corresponsalía de Comarca de la Sidra, Galdo compartió con Juan Aguado, lo que lo llevó a trasladar su residencia a Infiestu por dónde dejó un gran recuerdo. En el Hotel Plaza de Cangas de Onís, donde editábamos y que convertimos en nuestra base de operaciones, pero también en otros sitios como el Fresh, en Infiesto o La Naveta, donde Galdo fraguó una gran amistad con Ana Emilia y con Ricardo. La sidra centró muchos de los temas que grabó y eso propició que Sergio, al igual que otros compañeros y compañeras del oficio, fuese nombrado en 2018 cofrade de mérito de la Buena Cofradía de los Siceratores. Aquel reconocimiento lo hizo muy feliz, hasta el punto de que, habiendo varios redactores en aquella ceremonia, fue Galdo quien se encargó de dar las gracias en aquel Axuntabense de Sidra.

Ese año abandonó el Oriente asturiano y se trasladó a la corresponsalía del Bajo Nalón, por fin al pie de casa, formando equipo con la gran Paloma González, compañera, amiga y confidente. Y desde allí siguió Sergio Galdo recorriendo otros muchos concejos asturianos desde Cudillero, el suyo, a Pravia, Grao, Salas, Somiedo, Belmonte o, si tocaba, cualquier otro del Suroccidente. Esa, su última corresponsalía, le permitió vivir, de nuevo, en Oviñana, en la casa familiar junto a sus padres, Bernardo y Celina, además de convivir a diario con los vecinos de su pueblo. Siempre nos hablaba con verdadera pasión de sus acantilados y nos contaba que, además de unas maravillosas vistas al mar Cantábrico, había una cuevona de dimensiones colosales situada bajo el cabo Vidio a la que le llamaban la iglesiona. Junto a Paloma, Sergio Galdo fue el mejor corresponsal que tuvo nunca Oviñana y uno de sus farriegos de pro. Vivió con pasión las fiestas de San Roque, con las que colaboraba, igual que fue voluntario de los 10 kilómetros del Cabo Vidio, prueba atlética en la que hay centollos de regalo para todos los participantes, de ahí que la bautizasen como la carrera del centollu. Prometo volver por Oviñana y mirar al mar Cantábrico, al caer la tarde, desde ese banco que, como nos decías, ofrece las mejores vistas del mundo. 

¡Hasta siempre, compañero!