Hasta siempre Miranda
Es verdad. Todos haremos ese último viaje. Pero, joder, a Francisco Miranda Azurmendi, “Miranda”, no le tocaba. Ni mucho menos. Fue conocer la noticia de su fallecimiento y venirme encima, como una avalancha, un montón de recuerdos y de anécdotas. La última vez que nos vimos, si la memoria no me falla, fue en la calle de San Pelayo, en uno de aquellos encuentros casuales seguidos de un paseín con el consabido palique. Ya lo decía Cristina, su mujer y es verdad. Miranda era un gran conversador. Y no sólo con los que lo tratábamos a menudo. Que se lo digan a todos los visitantes y turistas que venían a Cangas de Onís, a los que “asaltaba” en plena calle mientras contemplaban el Puente Romano o daban un paseo. Les daba todo tipo de información y les resolvía cualquier duda. Qué ver, dónde comer, dónde alojarse, qué comprar… Cangas de Onís, desde luego, tuvo en Francisco Miranda a un anfitrión y a un ciceExcelente estudiante, era un tipo peculiar. Ya desde los tiempos del instituto lo habitual era encontrártelo por la calle.
Le gustaba hacer deporte y, sobre todo en verano, se pasaba el día por las canchas del instituto. Participante habitual de los torneos de tenis en los que se enfrentó a otros tenistas locales como Pablo Hevia, el venezolano Manolito Pendones o Pepe Laje. Cuando tocaba, y siempre de largo, también jugaba al futbito. En cuanto al tenis, hasta los que lo desconocemos todo de este deporte, nos suenan golpes como volea, dejada, globo o saque. Miranda dejó para la posteridad otro más que no sabría describir: el “toque Magefesa”. Algún verano hasta organizó una competición deportiva a la que bautizó como “les Olimpiadines”.
La música era otra de sus pasiones y quienes lo tratamos, en aquellos años 80 del siglo pasado, conocimos de su mano a grupos como Siniestro Total, la Orquesta Mondragón, Burning, Moris o Mermelada. En aquellos años Miranda también participó de forma activa en los festivales del Instituto Rey Pelayo que se celebraban por Santo Tomás, patrón de los estudiantes. En uno de aquellos festivales se inventó algún número surrealista como cuando sacó al escenario del Cine Colón a un actor que, sin mediar palabra, se sentaba en una silla y, ante el público, se ponía a comer un plátano. Tras su paso por las aulas del instituto cangués se fue a Oviedo a estudiar Magisterio. Fallecido el pasado martes a los 61 años, Miranda fue uno de aquellos cangueses que mientras estudiaron la carrera, se hospedaban en la pensión Pacita, ubicada en plena calle Uría.
Francisco Miranda se hizo esta foto para su candidatura, como cabeza de lista del PAS, a la Alcaldía de Cangas de Onís.
Maestro, como lo fue su madre, María Luisa, Francisco Miranda fue el número uno de su promoción, lo que lo permitió obtener su plaza por acceso directo y sin necesidad de hacer las oposiciones. Como docente tuvo varios destinos desde Cangas de Onís a Proaza o Trubia, localidad ésta última en la que dio clase en los últimos años hasta poco antes de su jubilación. Al principio residía en Oviedo. Pero la mayor parte del tiempo, iba y venía a diario hasta la localidad ovetense desde su casa de Caxidi, en Cangas de Onís. El mal estado de conversación de la carretera nacional 634, que sufría al volante, era un tema recurrente de conversación. Incluso le dedicó un artículo en las páginas de EL FIELATO. También le gustaba hacer recomendaciones acerca de las gasolineras más baratas. En cuestión de precios, fuera de lo que fuese, Miranda siempre estaba bien informado y le gustaba hablar de ello.
Si hablamos de viajes, más de lo mismo. En compañía de Cristina, viajó muchísimo. Si alguien quería saber algo, sobre todo de Francia, de Portugal, país al que admiraba; o de cualquier otro destino, preguntarle a Miranda era encontrar la información que buscabas. Ya fuera de viva voz o a través de Turytrans, su blog personal, especializado en medios de transporte y su disfrute turístico y que ya publicaba mucho antes de que aparecieran los influencers. Francisco hizo muchos kilómetros en coche porque le gustaba conducir, pero también en tren. De hecho en más de una ocasión, yendo o viniendo a Oviedo desde Arriondas, consiguió que lo dejasen ir en la cabina junto al maquinista. Hay quien afirma que, al menos una vez, hasta le dieron permiso para conducir un tren. Controlaba los horarios de toda la red ferroviaria española. Tan es así que cuando hace casi 30 años, tuvo lugar la rocambolesca historia de Bartolín, un concejal del PP de la localidad jienense de La Carolina, que afirmó haber sido víctima de un secuestro por parte de ETA, Miranda fue tajante. Aquello era, como luego se demostró, falso. Bartolín afirmaba que sus secuestradores lo habían subido a un tren en Jaén para llevarlo a Madrid y, desde de allí, hasta San Sebastián. Francisco, que conocía al dedillo todas las conexiones y frecuencias ferroviarias, negaba la mayor. Los horarios de los que hablaba el presunto secuestrado, sencillamente, no existían. Aquel viaje en tren, desde Jaén a Donosti, resultaba imposible.
Así era Miranda, genio y figura. En su momento llegó a ser el candidato del Partiu Asturianista a la alcaldía de Cangas de Onís. Y claro, salió en la prensa regional por su original campaña que incluyó una cinta de casete con todo su programa electoral. Está claro, Francisco. Te vamos a echar mucho de menos. Seguro que en el cielo, y aunque lleves poco tiempo allá, San Pedro te encontrará algo que hacer enseguida. ¿Quién mejor que tú para contarle cómo es aquello a los que vayan llegando?