En su tiempo los maliayeses nacían donde les venía en gana. Ahora, desgraciadamente, nos vemos obligados a nacer en el concejo de al lado. Así, Gutierre Guido de Hevia y Valdés de Bustamente Alonso de Caso se botó al mundo en la ciudad piamontesa de Tortona en 1704, un lugar equidistante entre Turín, Milán y Génova. Destacó como militar, Jefe de la Real Armada Española, la más alta consideración castrense que un hijo de la Marina podría soñar. De todas formas no todo fueron alegrías.
Batalló con Blas de Lezo
Le nombraron guardiamarina en 1720, su primer destino fue el navío Catalán. Siendo apenas un imberbe tiene problemas con la justicia al dar muerte a un compañero de profesión en el transcurso de un duelo; se tiene que refugiar en sagrado para mantenerse a salvo.
Participó en una expedición contra Orán en 1732, con el navío Castilla, al mando del general Francisco Cornejo. En el exitoso desembarco iba acompañado por el marqués de Marcenado -quien moriría de una forma atroz en esa plaza- y su futuro suegro, Juan José Navarro.
A los 36 años ascendió a capitán de fragata y cruzó rumbo a América. En Cartagena de Indias se puso al mando del general Blas de Lezo, y participó en la celebre batalla de defensa de la ciudad contra los ingleses del almirante Vernon, donde es herido.
Al mando del navío la Nueva España pasa al puerto de La Habana para fustigar el comercio ilícito en la isla caribeña, acompañado de cinco naos de diferente tamaño. En 1756 obtiene el mando del navío Tigre, y es nombrado comandante interino de los batallones de infantería de marina.
Marqués del Real Transporte
En 1759, al mando del Fénix, trajeron a España al nuevo rey Carlos III desde Nápoles, y toda la familia real. Por este viaje se le concedió los títulos de marqués del Real Transporte y vizconde del Buen Viaje. Se le ascendió a jefe de escuadra realizando labores de persecución de jabeques argelinos.
En 1761 parte con destino a La Habana al mando de una escuadra llamada a reforzar a los que allí había, sumando en total 12 navíos, cuatro fragatas y algunos buques menores. Había una entente entre España y Francia en la llamada guerra de los Sietes Años, con Inglaterra como enemigo.
Los dieciséis mil ingleses, mandados por el almirante Pocock y el general Albemarle, atacan el puerto cubano, tomando el estratégico Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro que les daba la llave de entrada en la ciudad, que posteriormente fue tomada por el invasor, tras treinta y ocho días de resistencia. Hubo trescientos muertos en los defensores españoles que se vieron mermados previamente en 1.800 hombres por una epidemia de malaria y disentería.
Hevia preso
Hevia calló en manos del enemigo. Después fue trasladado a España y juzgado por un tribunal militar, elegido por el mismísimo rey, presidido por el conde de Aranda, quien condenó al gobernador de la isla, Juan Prado y Portocarrero, y al Jefe de la Flota, Gutierre Guido de Hevia, a un destierro de diez años, privándoles de sus empleos militares.
Gracias al apoyo de su suegro, Juan José Navarro, es indultado por el rey con motivo de la boda del príncipe de Asturias, y recupera su empleo en 1765. Además recupera el mando de los batallones de marina como comandante principal. En 1772 recibe el cargo de director de la armada y el mando del departamento de Cádiz. Ese mismo año muere en la Isla de León (Cadiz).