Opinión

Juan de Pando, héroe militar y Corregidor de Cantabria

Juan Pando de las Mesas nació en la casería de Les Meses, Miravalles (Villaviciosa), a principios del siglo XVII. Fue hijodalgo, como la mayoría de sus vecinos, hijo de militar, y se consagró a desarrollar una larga carrera castrense bajo los auspicios de los últimos monarcas de los Austrias. 

Guerra con Portugal

En dicha carrera descolló por méritos propios llegando a ser nombrado Capitán de Caballos Corazas en la Guerra de Restauración con Portugal, en la que permaneció veinte años. Pando destacó por su participación en esta guerra desde la ciudad clave de Badajoz, bajo la protección del Duque de Osuna. 

De 1640 a 1668 tuvo lugar esta guerra, que puso fin a la unión con España, la Unión Ibérica, que duró sesenta años y, surgió por el fallecimiento sin descendencia del monarca Sebastián I, muerto en Marruecos, pasando a otro Habsurgo, Felipe II. La guerra terminó con el tratado de Lisboa, reconociendo este la independencia portuguesa. La paz puso fin a la nada desdeñable cifra de 80.000 muertos

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Sebastián I de Portugal

Dos años en prisión 

Pando cayó prisionero en 1664, y permaneció dos años en la cárcel hasta que fue canjeado. Estuvo en la edificación del fortín de San Martín. En 1665, atacó con treinta infantes un puesto en Aldeanueva, «haciendo mucho daño al enemigo», según dicen las fuentes. Participó en distintas incursiones en la frontera. En 1658 entró con su tercio de socorro a Badajoz, y mostró especial valor en distintos fuertes. En 1662 entra en el país vecino, participando en la toma de Escallón, y en 1663 vuelve a entrar protagonizando la quema de Castel Rodrigo. Participa en la edificación del Fuerte de la Concepción, donde logran vencer al enemigo. La quema de los lugares de Berbenosa, y la ruptura de los puentes de Almeida y Piñel. En el mismo año en que se degolló a sesenta infantes con su batallón, cortando las posibilidades de relevo de la guarnición de Castelbo. 

Es considerado «muy horado y bizarro soldado como certifican los Generales de Artillería Don Simón de Castañizas y Don Joseph de Tapia; los Maestros de Campo Don Juan Flores de Quiñones, D. Juan de Salamanca (…), y todos le juzgan por merecedor de qualesquier honras, y mercedes de su Magestad -Carlos II- que fuere servido hacerle». 

El V Duque de Osuna, General de Caballería, en cuya dotación sirvió, y Miguel de Tejada, en cartas al rey, ratifican los servicios de Pando realizados con «puntualidad y zelo». Citan la toma por asalto de Fuerte de Valdelamula en 1661, también la recuperación para la causa de La Alberguería de la ciudad. Se le encargó cercar con un batallón a la caballería portuguesa en el último encuentro con el enemigo, «obrando con singular valor» hasta que lo hicieron prisionero. 

Consta que su padre fue tenedor de bastimentos de la Armada de la Mar Océana en Lisboa y, posteriormente, fue mayordomo de Artillería del Ejército de Extremadura. Falleció en 1642. Fue adoptado por Juan de Ayala, Capitán de Infantería; este permaneció cuatro años en el Estado de Milán, Condado del Rosellón, Ejército de Extremadura y Fronteras de Castilla.   

Las Cuatro Villas cántabras 

Desde muy antiguo se constituyó en la actual Cantabria la unión de las villas costeras importantes desde la baja Edad Media hasta el siglo XVIII. Cuando se incorpora como Corregidor Juan Pando, no antes de 1670, la institución estaba formada por las villas de Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera. 

Se comprende que el rey habría atendido las razones expuestas por las altas esferas militares y habría otorgado este importante cargo a Pando, pero no por mucho tiempo, ya que se supone que éste fallecería poco después en su pueblo de Miravalles.