Opinión

Ramón Rivero, cronista de un tiempo cruel

Ramón Rivero Solares nació en la calle del Agua de Villaviciosa en 1900, un año lleno de incertidumbre y vacilación. Ejercía como poeta y dramaturgo, pero sobre todo era cronista de su villa y su concejo, al que dedicó buena parte de su tiempo.

La barbería de Moriyón

De niño era grande su deseo de saber. Etudió con Luisa ‘La Coruxa’ en el corredor de su casa de la Plaza Santa Clara, pero siempre le interesaron las historias de los mayores. A pocos metros de su casa estaba la barbería de Tino Morrión. Entraba y se sentaba en una esquina y, escuchaba a los mayores contando sus narraciones, mientras Tino se dedicaba a ajustar mechones, oyendo el reloj que hacía: tic-tac.

Allí estaba el viejo Bernardo Miravalles, ‘El Chocolateru’, contando la historia del carlista Asistente del General Vaqueros, una y otra vez, Xuan ‘El Xastre’, Arturo Ballina ‘El Ranu’..., con su tradicional tertulia y sus viejas consejas de siempre.

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Ramón Rivero Solares.

Trabajó en la administración del Ayuntamiento maliayo. Al llegar la república se hizo militante del PRRS, quien sacó 54 congresistas en 1931, la tercera fuerza política. Curiosamente, tres años mas tarde desaparecía del mapa al obtener un único diputado. Mientras el país se desmorona, Rivero es ‘condenado’ a realizar trabajos forzados por el alcalde republicano -no elegido- de Villaviciosa, que para más inri había sido de su propio partido.

«Mañana serás tú»

Según consta en el libro sobre Rivero del cronista oficial de Villaviciosa, Miguel González Pereda, publicado por Cubera en 2015, Ramón denunció que desde el Ayuntamiento se estaba robando en las casas pudientes del concejo.

Por tal razón, fue declarado «desafecto al régimen» y destinado a trabajar en una cantera. Allí vio a un compañero muerto en una cuneta, después de ser ‘paseado’, y un vigilante le indicó: «¡Mañana serás tú!». Así que buscó la manera de escapar aquella noche y volver a Villaviciosa, y así lo hizo. De aquella experiencia conservaba un mechón de pelo blanco que le salió durante el castigo, tal fue su desesperación.

Trabajó de nuevo en el consistorio y volvió de alguna forma a la normalidad. Estrenó varias obras de teatro en el Ateneo, entre ellas Flores para una tumba, Anda y vete al porréu o Cuento de Reyes Magos, que según cuenta Juan Jurado en su obra Crónica Teatral del siglo XX, llenó el teatro a rebosar.

Muertos en el camino

Para él la guerra fue, más que para otros, una experiencia terrible. El tic-tac de la muerte llegó para su amigo «el bueno de Moriyón», simplemente por tener ideas conservadoras, como para el periodista del diario Región, Manuel Bedriñana, por la misma razón.

De ideas cristianas, recorrió el concejo lleno de iglesias destruidas, recogiendo los restos de santos y vírgenes que acomodaba en su casa de La Caleyina les Indies y, colaboró también en la recuperación de la Semana Santa local, que había quedado prácticamente sin pasos.

Hizo las letras para varias danzas en tono a los años 50. En concreto para la Virgen del Portal, para San Xuan d’Amandi o la Danza del cu-cu; las dos primeras siguen realizándose en las respectivas fiestas con mucha ‘sonadía’. Les puso música Juan José García Renedo, director de la Banda de Música de Villaviciosa.

Falleció en 1985. Su modestia fue la que verificó todas las acciones de su vida, con sus muchos seudónimos, especialmente el de ‘Un cronista de la Villa’. Muy raramente firmaba con su nombre. Fue informante de Juan Uría, y miembro del Ridea. Sus papeles fueron saqueados y dispersos, se conserva alguna cosa gracias a la labor de Senén Rivero Cueto.