martes 4/8/20

Racismo y re-escribidores del pasado

No se puede cambiar el pasado. Si se pudiera, personalmente no hubiera hecho nada de lo que hice y habría hecho probablemente cosas peores.

Juzgar la Historia con la moral actual no es de recibo. Derribar estatuas y cambiar el nombre de las calles no nos hace mejores que nuestros antepasados.

Tenemos la mitad del planeta muerto de hambre y miseria, a los inmigrantes metidos en jaulas sin higiene o pudriéndose en la calle y nos pasamos el día rasgándonos las vestiduras por nuestras gestas sangrientas de esclavitud y conquistas. Es verdad que es mejor preocuparse de lo que no tiene remedio que siempre será menos cansado que actuar por lo que aún lo tiene.

En las últimas semanas, ciudadanos de todo el planeta se manifiestan, en contra de toda recomendación sanitaria, para denunciar el racismo y la xenofobia. Bueno, ciudadanos es por generalizar, que hay poco blanco en el tropel, para que nos vamos a engañar.

La legalidad aporta poco si en la cabeza de los americanos los negros son inferiores a los blancos

Sale en la tele y en todas las redes sociales un policía blanco apoyando con la rodilla la yugular de un hombre negro hasta matarlo, y así se resume la historia del pueblo americano. Guerras de blancos contra indios, guerras de blancos contra negros. Una realidad que gangrena el país que vota a Trump, en el que todo Cristo va armado y que  no jalea a los afroamericanos más que cuando ganan medallas en deportes, mueren en las guerras o cantan en la tele.

Vaya novedad. La legalidad aporta poco si en la cabeza de los americanos los negros son inferiores a los blancos. Por si acaso, en muestra de la emoción (que pasará) y del puritanismo pacato (que durará siempre) van a suprimir “Lo que el viento se llevó” y los dibujos del arroz de la Luisiana. Porque los símbolos importan, dicen. Aunque no hagan más que describir la realidad de los prejuicios étnicos y raciales que han sido comunes en la sociedad estadounidense desde hace siglos y que no se arreglan con el paso del tiempo. Como si matar los símbolos trajera la redención. La maldad, la crueldad, no está en el cine, en la literatura, o en los botes de Colacao, está en los que la practican a diario.

Los europeos no tenemos la misma historia que los americanos. Nosotros somos más finos, más de racismo social.

No van a tocar a las películas del Oeste porque en ellas los vaqueros mataban en “legítima defensa” a los indios que siempre iban armados con arcos y flechas. Un pasado feroz que le sirvió de poco a un pueblo que se extingue, borracho y deprimido, en reservas, como los animales, desde hace dos siglos sin que a nadie le importe un pimiento.

Los europeos no tenemos la misma historia que los americanos. Nosotros somos más finos, más de racismo social. Los más precarios son negros, árabes, gitanos, indios, extranjeros y gente de poco fiar en general. Y no nos gusta que nos estropeen el paisaje, ni que nos quiten trabajo, que esa es otra, cuando no se encuentran obreros agrícolas, de la construcción, limpiadores, cuidadores, … entre tanto blanco exquisito.  Por más que me empeño no veo trabajar a toda esa pobre gente en nada que me interese.

Eso sí, encima nos ponemos como basiliscos si nos los encontramos en la cola del paro o del médico, no sea que nos quiten las ayudas y las medicinas que se merecen nuestros delicados culos blancos bien nacidos.

Hay mucho examen de conciencia que hacer y muchas cosas que cambiar, y no va ser suficiente con cambiar el logo de los conguitos.

Racismo y re-escribidores del pasado
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